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Ex Oriente Lux

Martes, 29 de agosto de 2006

Sin título





Sería injusto considerar que el dolor es único y que aquello por lo que pasamos cada uno de nosotros en determinadas circunstancias, es algo que debería provocar una terrible conmoción en el mundo que nos rodea. Al fin y al cabo la vida sigue, y cuando la observamos desde ese oscuro mirador, vemos que nada ha cambiado, que todo se desarrolla como de costumbre; hasta sentimos un profundo deseo de sumergirnos de nuevo en esa cotidianeidad que vemos tan segura. Si, el dolor es algo muy común, pero también muy íntimo.

Todo esto viene a cuento de que habiendo regresado a esta rutina en la que pasamos gran parte de nuestro tiempo, y encontrándome de visita por algunos de mis cuadernos favoritos desde hace un par de días, considero de mal gusto permanecer en silencio durante una temporada sin antes dejar constancia de nuestro regreso, de nuestro estado y del motivo por el que puede que este lugar permanezca silencioso otra temporada más.

Digo permanecer en silencio durante una temporada porque es lo que en este momento me pide el ánimo y la necesidad. Sí, lo pide con toda la insistencia que provoca el dolor de haber perdido aquello por lo que nos sentíamos tan ilusionados en la anotación anterior.

Lo reclama y nos fuerza a ello la tristeza con la misma determinación con la que a pesar de todo, y cuando ya casi habíamos suspendido nuestro final de Camino, decidimos retomarlo para huir, olvidar y recuperar el ánimo.

Así lo hicimos, lo terminamos y las vivencias de esos diez días han sido el mejor bálsamo para nuestras heridas. Al fin y al cabo, como ocurre en todo camino, aprendes a mirar hacia delante.

La tarde del 25 de agosto llegamos a Fisterra. Sin parar para otra cosa que comer algo y refrescarnos, continuamos la marcha ascendiendo hasta un lugar en las rocas, junto al faro, en el que todos los peregrinos que hasta allá han llegado se reúnen para ver al sol ocultarse tras el horizonte marino.

Quedamos a la espera, sin apartar la vista de esa pequeña franja abierta entre las nubes y la línea del mar, por la que esperábamos ver el crepúsculo. Era cosa de poco tiempo, de algunos minutos. A medida que éstos avanzaban, el reflejo del sol en la superficie marina se iba haciendo más intenso: le faltaba poco para asomar entre las nubes y hundirse en el mar.

Entonces, alguien a nuestras espaldas llamó la atención de los que allí estábamos, señalando un grupo de delfines que nadaban ante nosotros. Todos nos quedamos mirándolos entre sorprendidos y fascinados, viendo como esos maravillosos animales desaparecían bajo las aguas para coger impulso y volver a la superficie con fuerza. Al alboroto inicial producido por la sorpresa, le siguió un silencio general lleno de emoción, roto sólo por la fuerte brisa del mar y el sonido de las olas rompiendo contra las rocas.

En ese mismo momento, el sol comenzó a hundirse en el mar, llenando toda su extensión de un color rojizo que asemejaba al de un océano flameante. Los delfines variaron su rumbo y abandonando la línea costera, se dirigieron hacia poniente, hundiéndose en las profundidades marinas para volver a aparecer de nuevo.

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (8) | Referencias (0)

Comentarios

Saludos a los dos y ánimos. Un abrazo muy fuerte.

zubi | 29-08-2006 13:16:04

Cada dolor es único, y que sólo el nuestro nos parezca el más terrible es una defensa del cuerpo para poder sobrevivir. No duraríamos ni una semana si todo lo sintieramos con la misma intensidad.

Sí se para el mundo; hoy tu dolor ha hecho pararme para intentar darte consuelo y decirte que queramos o no el futuro existe y con él nuevas alegrías.

Ánimo y muchos besos.


buscandoenlavida | 29-08-2006 19:24:06

Lo lamento muchísimo compañero. Desde aquí, este espacio donde nos hemos conocido no puedo más que animarte a seguir, a desear que os recuperéis pronto de este varapalo y que en tu entorno encuentres el consuelo necesario, ese que desde aquí solo podemos mencionar.

Un abrazo bien fuerte Charles, a los dos. Que ese sol que ahora se hunde vuelva pronto a su amanecer, que es bajo esa luz donde nos gusta verte, amigo.

Jafatron | 30-08-2006 15:18:25

Después de las hermosas palabras de Jafatron nada más puedo añadir. Espero y deseo que vuestro regreso a casa os reconforte de alguna manera, siempre ocurre, cuando nos sentimos protegidos por la fidelidad de lo cotidiano. Siempre es bueno volver al hogar.
Bienvenido Charles y ojalá que pronto te volvamos a encontrar con esa luz que, como te recuerda Jafa, es la que te rodea siempre y en la que nos gusta verte.
un abrazo amigo.

Vailima | 31-08-2006 08:15:03

Me uno a todo lo que han dicho los anteriores Charles. ANimaros y recibid todo nuestro afecto. Y tarda lo que quieras en volver que siempre pasaremos para ver si estas.

Un beso muy fuerte para los dos

Duna | 31-08-2006 13:32:06

Sólo deseo que sepas de mi compañía y de mi afecto.
Y que cuando tu ánimo estime que es hora de volver. Aquí seguiré.

Un abrazo. Muy fuerte.

almena | 03-09-2006 14:23:27

Un abrazo Charles. No sé si sirve para algo, pero este verano he estado también por tierras del Camino: en Asturias y en Palencia, y me ha pasado con frecuencia acordarme de ti al ver una de las veneras que lo señalan. Tener la sensación cálida de compartir algo de lo que estaba viendo con un grupo de personas. Otro abrazo.

Vere | 03-09-2006 23:42:12

Charles te esperaremos mientras las heridas cicatrizan. Un abrazo muy fuerte para ti y tu compañera, los malos momentos pasan y los delfines siempre vuelven, que la fraternidad que siempre nos deseas llegue a ti también desde las palabras de los que te apreciamos.

ladydark | 04-09-2006 12:49:11

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