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Ex Oriente Lux

Lunes, 10 de julio de 2006

El Santo





Cuando uno está deseando mucho conocer algo y por fin llega el momento, siente mientras lo hace que no está disfrutando la ocasión como se merece, en toda su intensidad, y que una vez que termine ésta, se arrepentirá para sus restos de no haber exprimido todo el jugo espiritual que contenía esa vivencia. Así creo que somos en cierto modo todos, que consideramos tan profundas algunas experiencias que nos sentimos incapaces de apreciarlas en su totalidad.

Fue un día del mes de diciembre del año 99, la primera y única vez que me llegué a aquél lugar. En cierta manera, iba preparado para sentir algo, pues había leído sobre lo que allí iba a ver, y de ahí que la apariencia del entorno, lejos de dejarme indiferente, tomó ante mí esa forma que adopta la belleza cuando esconde más de lo que deja ver, y sólo si se conoce su secreto se podrá llegar más allá de donde alcanza la mirada.

Queda claro que la voluntad de uno recibe ideas y fes con esa desgana y desconfianza de quién ve detrás de cualquiera de ellas el interés individual o grupal de lucrarse –y esto se puede hacer de miles de maneras, no sólo económicamente-, a expensas de todo aquél incauto que caiga en sus redes.

Mientras se respete el principio universal de que cada uno puede creer lo que quiera, todos somos muy libres de ir sembrando a lo largo de nuestras existencias las semillas de devociones, voluntades, o necesidades, que consideramos pueden darnos algo de luz por el camino de la vida.

Al fin y al cabo, toda convicción que merezca ser tenida en cuenta, se fundamenta en una colección de máximas que para llegar a una mayor audiencia, han ido maquillándose a lo largo del tiempo en forma de relatos, leyendas o historias sacras. Eso es en cierta manera lo que puede servirnos de inspiración, de modelo de conducta o como elemento de puro goce estético: un recurso narrativo por cuyo valor y fuerza espiritual con que ha sido creado nos sentimos fuertemente atraídos, pero desvinculándolo de la idea general de una fe.

Y es en esto último donde me sentí atrapado por la historia del santo llamado Galgano, el hombre que vivió en aquella solitaria colina que tenía frente a mí, en medio de un llano poblado sólo por algunos cipreses y las ruinas enormes de un antiguo convento. Desde el principio me atrajeron el milagro que lo hizo conocido y los símbolos que se desprenden de él, y que puede que fueran los que inspiraran uno de los relatos más apasionantes y vivos de la cultura medieval europea.

Pero creo que estoy dando demasiadas vueltas sin centrarme en el tema:

"No vos quiero grant prologo nin grandes nuevas fer,
Luego a la materia me vos quier’ acoger."


Galgano fue uno de aquellos santos que pasó por una primera etapa de su vida en la que poco se podía uno imaginar lo que vendría después. Nacido en la segunda mitad del siglo XII en el seno de una noble familia de Siena, fue soldado de oficio y también de costumbres –lógicamente, me refiero a los de aquella época-, pues era su carácter violento, pendenciero y disoluto.

La Italia en la que vino al mundo se encontraba dividida en multitud de ducados, señoríos, principados, municipalidades, etc, que estaban inmersos en perpetuos conflictos armados, muchos de los cuales tenía que ver con las disputas entre el emperador de los alemanes –por aquél entonces Federico “Barbarroja”-, y el Papa de turno.

Este conflicto, en los dos siglos siguientes, dividió a una importante parte de la península en dos bandos: güelfos y gibelinos. Pero ya entonces, Siena veía con malos ojos las ansias expansionistas de Florencia, y más aún que hubiera tomado parte por la facción papista, a diferencia de ellos que combatían al lado del emperador.

El caso es que el joven Galgano pasó parte de su juventud en estas escaramuzas y batallas, hasta que un buen día, o mejor dicho, una buena noche, se le apareció el Arcángel San Miguel para recriminarle por su comportamiento violento y pecaminoso. Dado que al principio no debió de surtir mucho efecto en él, volvió a aparecérsele, cosa que por fin hizo que el joven soldado se tomara en serio las “recomendaciones” del hombre alado que se le aparecía en cuanto cerraba los ojos, y decidiera cambiar su vida.

Como es habitual en la gente de carácter un tanto apasionado, Galgano no se contentó con evitar el pecado de una manera, digamos, moderada, si no que lo hizo radicalmente, con todas sus consecuencias: abandonó posesiones y amistades, su ciudad natal y su vida de soldado, lo dejó todo y en traje de ermitaño se retiró a vivir en una choza que construyó en una solitaria colina al sur oeste de Siena, en Montesiepi.

Allá vivió el resto de su vida, haciendo pronta su fama de hombre santo como si hubiera prisa en que así fuera, y en cierto modo así parecía ser pues también fue apresurada la llegada de su muerte, que le vino a una edad tan simbólica y dada a las comparaciones como la de los 33, en 1181, el mismo año, casualmente, en que nació Francisco de Asís.

Al poco, sus seguidores y devotos construyeron sobre el lugar que ocupaba su choza una peculiar y hermosa ermita, de planta circular, en la que desde entonces y hasta hoy en día, se le ha rendido culto. Su interior está decorado con unos maravillosos frescos, obra de Lorenzzetti, en los que se reproducen diversos episodios relacionados con la vida de Galgano.

Y es que Galgano representa un punto intermedio o de transición entre Bernardo de Claraval, el paladín de la fé y que por la misma época en que nació nuestro santo convocó la segunda cruzada; y el misticismo pacífico de San Francisco. Entre ellos dos está Galgano que representa la renuncia a la violencia. ¿Por qué?

Cuando decíamos que lo dejó todo al entregarse a la vida eremítica, en cierto modo faltábamos a la verdad, pues hubo algo que se llevó consigo y que es lo que ha dado pié al milagro y a la leyenda que ha hecho de él un símbolo: su espada. Cuando abandonó su vida anterior, Galgano se llegó con ella hasta la colina de Montesiepi y jurando no volver atrás, hincó su espada en una roca que había en lo alto de ella, como renunciando a la violencia, transformando lo que era un arma en un objeto de culto.

“non potendo fare una croce di legname, si prese la spada ch’egli aveva a llato e in luogo di croce su la dura pietra la ficcò, la quale insino al dì d’oggi così è ne la pietra fitta.”

Así lo cuenta, en el siglo XIII, la “leggenda di santo Galgano confessore” que se conserva en la Biblioteca Vaticana, y que junto con un par de hagiografías más y su proceso de canonización es lo poco que se tiene de él.

A partir de aquí el mito o la hagiografía deja paso a la conjetura, donde se asegura que algunos elementos de estas historias pasaron al ciclo artúrico a través de los trovadores de la corte de Aquitania, patrocinados en aquél entonces por la duquesa Leonor, contemporánea de nuestro santo, gracias a los cuales se pudo inmortalizar tanto la historia de la espada en la roca, como el nombre de Galgano en la forma de Galvano –el Gawain del ciclo artúrico-.

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (14) | Referencias (0)

Comentarios

¡qué interesante!
Sí, supongo que cuando la "mirada" lo es en toda su intensidad, tratando de "atrapar" el momento, es la emoción la que lo consigue.

Un abrazo!

almena | 10-07-2006 12:06:29

Sí, ciertamente, a veces las situaciones son tan mágicas y especiales que nos sobrepasan aún abriendo el corazón de par en par.
Gracias por compartir cultura. Un afectuoso saludo.

najwa | 10-07-2006 12:53:13

Si, así es Almena y Najwa, quizá alcancemos a percibir todo aquello sin darnos cuenta, más allá de nuestra mirada...

Un saludo

Charles de Batz | 11-07-2006 07:20:27

!Wau!, precioso, Charles, me ha gustado un montón la historia que nos cuentas. La desconocía y da mucho que pensar. Espero impaciente los dos partes que quedan, creo, la del héroe y la del mercenario. Da gusto visitarte.
Saludos hermano
P.D.: ¿la espada de la foto es la de San Galgano?

zubi | 11-07-2006 11:51:10

Lo que cuentas está muy bien y es muy interesante. Lo lei ayer pero cuando fui a comentar no se podia entrar y estuvo fallando durante horas.

Besos

Duna | 11-07-2006 14:42:19

¡Al fin puedo entrar en el santo lugar! Tanto se me ha negado la entrada que casi lo esperaba como quien va a conocer esos lugares que comentas.
No conocía la historia de este santo, pero de haberla sabido ¡como no sentir un cosquilleo ante la inmediata visión de esa Excalibur de nuestra infancia!, y entonces ¿no sería el santo, Merlín?, y podría ser que la rotonda de Montesiepi fuera la Mesa redonda. La imaginación vuela y el pulso se acelera.

Herri | 12-07-2006 13:20:29

Gracias zubi, me alegra ver que siguen sin fallar tus visitas y que te ha interesado lo que cuento. Lo que yo espero es no demorarme demasiado en ofreceros las otras dos partes que quedan de esta trilogía de Montesiepi.

La espada de la foto es una que está insertada en una roca en lo alto de Montesiepi, dentro de una ermita dedicada a San Galgano, y cuya datación, según recientes estudios científicos, parece pertenecer al siglo XII, época en que según las crónicas -alguna casi contemporánea-,ya estaba ahí y se le rendía el culto del que hablo. Si perteneció a San Galgano, o a uno que pasaba por ahí y tuvo a bien clavar su espada en esa roca, es algo que ya no puedo aclarar.

Duna, ya veo que, poco a poco, has vuelto a escribir algo. Envidia me da que estés ya de vacaciones.

Herri y tú me habláis de los problemas que habéis tenido para entrar. Juro que he pensado más de una docena de veces abandonar ésta bitácoras.com, pero como dice una buena amiga blogera, seguir aquí es todo un reto en el que no sabemos si triunfará nuestra paciencia y algún día esto funcionará correctamente, o serán sus interminables fallos quienes acabarán por espantar nuestra constancia. Al fin y al cabo, uno lleva tanto tiempo aquí, adornando las paredes, dando color a su horizonte y llenando de recuerdo sus archivos, que siente cierta pereza y desazón de tirarlo todo por la borda y volver a empezar.

De cualquier manera, Herri, Duna y todos los que por aquí visitais y comentáis, es de agradeceros doblemente la paciencia que tenéis para llegar a dejar vuestras palabras.

Herri, en cierta manera estás adelantando más de lo que crees lo que vendrá en la parte dedicada al héroe. Además, tienes razón en lo que cuentas: es mejor, llegados a un punto, dejar la racionalidad y abandonarse al vuelo de la imaginación...

Si, entonces el pulso se acelera.

Charles de Batz | 12-07-2006 14:30:06

No digo más para no ir de adelantao como otros pero quedo expectante de la continuación- aumentado por la intriga ¿podré entrar?. Se impone la hipótesis conspirativa.

Vere | 12-07-2006 20:51:12

Bien por Galgano y bien por los que inmortalizaron su historia...

Yo soy de los que piensa que los personajes legendariso son muy valiosos. Más allá de que hayan existido o no. Más allá de que su historia sea exagerada o no.

Siempre necesitamos modelos y referentes. Inspiración. Así que, afortunadamente la humanidad posee esas abstracciones que nos facilitan aprener y asimilar conceptos valiosos...

Saludos!

Raúl | 13-07-2006 00:36:22

Por fin puedo disfrutar de tus hermosas palabras, me gusta este santo, no conocía nada de esta historia y me parece muy, muy, interesante, asi que espero nuevas entregas, además, que por no faltar a la costumbre,ultimamente los dragones y los caballeros me rodean, estas serendipias me matan... Me despido cual Gwenhwyvar, a la espera de caballero ;)

ladydark | 13-07-2006 21:58:51

Raul y Ladydark celebro veros por aquí, y agradezco vuestras palabras.

En cuanto a las continuaciones, y viendo que los calores veraniegos, su luz adormecedora y las ausencias no van sino en un progresivo aumento, es posible que lo deje para después de agosto, a mi vuelta, y baje la persiana del descanso un poco antes de lo previsto.

Es posible que lo haga ¿o no?, ya lo veremos...

Salud

Charles de Batz | 14-07-2006 09:55:13

¿No continuar hasta setiembre?. No me hagas esto que yo sigo por aquí hasta agosto y ya me has dejado con las ganas. Si no, te retiro el saludo ;-P

zubi | 14-07-2006 14:36:41

Es imposible no entregarse a la reflexión después de un relato como este.. Me interesa más el trasfondo de la historia, mucho más allá de los protagonistas, pues pudo ser cualquier otro.. pero el mensaje es maravilloso!

Escoges muy bien, Charles ;)

Un gusto leerte nuevamente! Mil besos para ti!

Sol.. | 14-07-2006 22:37:56

Zubi: ya ves que continuo con la segunda parte, ahora bien, la tercera es ya otro cantar ;-P

Sol, lo que es un gusto es volver a tenerte por aquí después de tan larga ausencia. Una alegria y más aún si tu visita viene acompañada de tan buenas palabras.

Saludos

Charles de Batz | 17-07-2006 13:07:45

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