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Miércoles, 21 de junio de 2006

Amirbar


Está visto que lo que hay en mi cuaderno este mes bien podría ir a llenar las hojas de ocios y chascarrillos de cualquier gacetilla médica de esas que van circulando por las asociaciones del gremio. Primero fue el dentista, y ahora, por eso de que las segundas partes siempre cuentan con mayor presupuesto, la cosa va de cirujanos, enfermeras y la sórdida habitación de un hospital.

Y es que dicen que las desgracias no vienen solas, ni las ocurrencias, incluso esos temas con los que iluminamos con más o menos frecuencia nuestra charlatanería, parecen más venir ellos a nosotros en manada, que haber sido cosa de ser un servidor, o quien sea, el que ha echado mano de ellos.

El caso es que me tenían unas simpáticas enfermeras apaciguado en estos pensamientos, tumbado como un buen paciente, y sometido de aparente buen grado a todas sus –no se piense mal- manipulaciones. ¿A todas? Bueno, a todas no: el pescadito hervido, las patatas cocidas y las puñeteras cremas no identificadas, jamás han ocupado un lugar preeminente en mi dieta, y a estas alturas de la vida, cuando uno ya siente apego hasta por su colesterol, lo suyo es torcer el morro cuando ve lo que le traen en la bandeja, y encima pregunta inútilmente por el mercado negro de alimentos en el hospital. Las enfermeras, por supuesto, rechazaron también con firmeza mi invitación a salir a cenar a algún restaurante próximo. Poco había que hacer allá.

- En lo que tiene usted que pensar ahora es en recuperarse y cuidarse más –es la única respuesta que recibí.

De nada sirve reproducir en éstas líneas la colección de terribles maldiciones que el que aquí escribe lanzó para sus adentros. Por si fuera poco, una de las enfermeras, animada por esa bondad que inspiramos los desamparados internos, encendió la televisión en ese momento, me miró sonriendo y dijo:

- Le pongo la televisión que con esto de los mundiales, seguro que hay algún partido…

Vuelvo a correr un tupido velo ante lo que inmediatamente ocurrió, de manera que mis muestras de irónico desafecto por ese espectáculo no hieran ni ofendan a aquellos que sienten lo contrario. Sólo diré que acto seguido, descargando el carácter burlón del que hice gala, e intentando resultar lo más amable posible, pedí disculpas de mil y una maneras mientras la pobre enfermera salía entre risas de la habitación garantizándome que ahí no había ocurrido nada.

- Veo que se está curando rápidamente –me dijo mientras salía.

Me quedé sólo y en penumbra. Pasé un rato entretenido en seguir el trayecto de los rayos de luz que se filtraban por las persianas casi bajadas, disfrutando de su perfecta linealidad, de la magia que se desprendía de esa especie de polvillo casi invisible que parece flotar en su interior. Seguía su trayecto, y recordaba aquellas leyendas que nos contaban de críos sobre los tesoros que permanecía ocultos allá donde muere el arco iris. ¡Bendita infancia!.

Encendí la luz, me incorporé un poco en la cama y comencé a releer ese libro de mi admirado Álvaro Mutis que comienza así:

“Los días más insólitos de mi vida los pasé en Amirbar. En Amirbar dejé jirones del alma y buena parte de la energía que encendió mi juventud. De allí descendí tal vez más sereno, no sé, pero cansado ya para siempre. Lo que vino después ha sido un sobrevivir en la terca aventura de cada día. Poca cosa. Ni siquiera el océano ha logrado restituirme esa vocación de soñar despierto que agoté en Amirbar a cambio de nada.”

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (15) | Referencias (0)

Comentarios

Yo también guardo gratos recuerdos de mi infancia, si no de Amirbar, de un lugar muy mío que a veces me duele cuando hube de abandonarlo. Pero ahora, viajo rumbo a Itaca, y no oigo cantos de sirenas porque Ulises va conmigo.
Estando ingresada en el hospital, la única vez que lo he estado por cierto, a eso de las doce del mediodía todavía no había venido ningún familiar a verme. Oí abrirse la puerta de la habitación y ví cómo una enfermera se acercaba a mí diciéndome: cuando venga el doctor M. le dirá lo que le tenga que decir y usted le preguntará lo que quiera preguntarle.
Ante mi soledad hospitalaria, enfermiza, y ante el impacto de tales palabras, deduje que mi muerte estaba cercana y que ése era el motivo por el que nadie había venido a verme. Estarán preparando cómo decírmelo -pensé-. En esas estaba yo, con lágrimas en los ojos cuando la puerta de la habitación se abrió por segunda vez. Un sacerdote. Cuando lo ví, creía que mis días estaban contados (cuestión de horas...) joder, joder, qué poco mi queda.
Con el desorden mental y emocional, lo único que supe gritarle a aquel cuervo de negra vestimenta fue:
- Soy ateaaaaaaaaaaaaaaaa
y estrepitósamente cerró el cura la puerta.
Cuando me enteré de que el susodicho hacia la ronda de rutina, me entraron ganas de llorar más.
Ni me moría, ni ná de ná. Todavía hoy vivo en el consuelo de pensar que el pobre sacerdote en lugar de "soy atea" me entendiera "itxi atea" que en la lengua de los vascos significa "cierra la puerta".

Vailima | 21-06-2006 14:43:19

Ja, ja, ja gracias por tu comentario Vailima, y sinceramente me alegro de que todo aquello sólo fuera un susto, porque entre otras cosas -y egoistamente-, eso nos permite disfrutar de tu compañía, que no es poca cosa.

Por cierto, que eso de la "atea" me trae un recuerdo parecido, pues hace ya muchos años recuerdo tener un libro de texto -creo que se llamaba algo así como "jalgi hadi" en el que se relataban diferentes historias en viñetas mudas cuyo texto luego el maisu -profe-, se ocupaba de dictarnos y explicar para que anotaramos al pie de las mismas.

Bien, pues la primera viñeta de la primera lección, representaba a una niña señalándole una puerta a su madre y según nos dijo el Maisu ahí se estaba diciendo eso de:

- Ama, atea. (traducido: Mamá, llaman a la puerta).

Entonces la madre le respondía eso de:

- Ireki ezazu ba! (Traducido: ábrela pues)

Pero el 99% de la clase, y estoy seguro que también de los usuarios de dicho libro, no se resistió a sustituir ese texto de la madre por el de:

- Atea tu padre, yo católica de toda la vida.

Es una tontería, ya lo sé, pero con el tiempo que hace de ello, es también una reliquia, un recuerdo que has despertado con tu comentario.

Charles de Batz | 21-06-2006 15:41:41

Charles me alegro muchisimo de tu vuelta a la vida bloguera, te hemos echado de menos una barbaridad. Seguiremos con nuestro viaje de nuevo con tu compañia, los hasta luego pasan rápidos y volvemos a disfrutar contigo y con tus palabras. Hoy disiento de Mutis, a pesar de estar muy usada, mi capacidad de soñar despierta sigue intacta, cada día, durante un tiempo mas o menos dilatado, vuelvo a ser niña y construyo mis ensoñaciones, creo con la materia de las ilusiones mis mundos mejores o simplemente diferentes. Espero que no se agote nunca, por que ni la alimento, ni la cuido, surge sola y escapa de mis ojos a la menor oportunidad.

ladydark | 21-06-2006 16:15:18

Charles, yo en la isla pidiendo por tu regreso y veo con gran alegría que estás de vuelta. Se nota humor en tu escrito, cosa que le hace pensar a uno que todo ha ido bien.
Vuelves con el Maqroll más desamparado y cercano a la locura, el de Amirbar; esstoy convencido de que como a él en este gran libro, le sirvió la lectura de las cartas y memorias del Príncipe de Ligne, para salir de sus caídas de ánimo en sus horas más negras, tu humor y ánimo sabrá encontrar lo que corresponda.
Un placer leerte de nuevo Charles
Salud y Fraternidad

Herri | 21-06-2006 17:18:45

Lady, mucho más me alegro yo de volver y de sentir de nuevo el calor de vuestra presencia a través de la palabra escrita.

Yo también espero continuar con vosotros de nuevo el camino del tiempo que tenemos por delante, por lo menos hasta el mes de agosto en que, si los dioses lo permiten, uno se irá a finalizar ese otro camino que hace ya este mismo mes un año comenzó.

En cuanto a lo de Mutis, creo que hay algo de lo que adivina mi amigo Herri en su comentario: una mezcla de alivio y desasosiego, de seguridad y desamparo, en fín de contrarios dándose la jeta -como diría el bueno del temblón-, y al final ese sentimiento de que se ha perdido algo para ganar otra cosa...

Charles de Batz | 21-06-2006 18:59:22

Charles, casi me caigo de la silla. El libro de euskera que mencionas es el primero que se daba cuando yo estaba en 8º de EGB y todavía me acuerdo de ese primer capítulo que se me quedó grabado en sangre.
La siguiente viñeta decía: "sartu, sartu barrura"
joderrrrrrrrrrrrr, qué tiempos

Vailima | 21-06-2006 19:33:28

ja, ja, ja... !que tiempos aquellos Vailima!; no se si antes o después la cría decía a su madre eso de:

- Bi emakumeak dira (Son dos señoras)

que nosotros traducíamos libremente -y seguido de lo anterior de "atea"-,por:

- Pues entonces éstas serán dos monjas...

Lo bueno de aquél libro es que pasábamos horas los amiguetes reinventando las conversaciones. !No veas lo que salía de ahí!

Charles de Batz | 21-06-2006 19:40:35

eta nor zara zu?
ni Idoia naiz
qué bueeeeeeeeeno.

Vailima | 21-06-2006 20:15:03

Je, je siii

entonces es cuando venía lo de

- Sartu, sartu barrura

Más no recuerdo si no que la niña les hacía alguna picia, creo que relacionada con la edad de las señoras, y éstas terminaban con eso de

- Ume lotsagabea (niña sinverguenza)

Ja, ja ja increible lo que recuerda uno

Charles de Batz | 21-06-2006 21:53:14

Me alegro mucho de verte por aqui, hermano, se te echaba mucho en falta, de verdad, y creia que quizá no tenías la intención de volver. Me alegro ver que me confundo.
El bueno de Maqrol me acompañó durante mucho tiempo en lecturas que hice hace ya mucho tiempo... El gaviero que se perdió en las entrañas de la tierra en busca de oro y encontró en ellas lo que no buscaba...

zubi | 22-06-2006 07:36:08

Charles, amigo!! Ya de vuelta, qué alegria. Celebro que de tu paso por el hospital destaques el recuerdo amargo de la comida y el fútbol, buena señal. Y nosotros sin saberlo, impacientes por el regreso del paciente.

En fin, ya estás aquí y hasta agosto no veremos más nubes. Genial. Y las próximas además serán presagio de nuevas historias.

Un abrazo, compañero!

(de los hospitales no puedo decir nada, afortunadamente no he sido ingresado nunca hasta ahora, aunque son lugares donde me cuesta estar tranquilo)

Jafatron | 22-06-2006 10:07:49

Charlesss !cuanto me alegro de verte por aquí, ya era hora, ein! Supongo que todo habrá ido bien por alla asi que me alegro un montón, tambien de que vuelvas a estar aqui y escribiendonos cosas majas.

A mi tampoco me gusta el futbol y nunca me han operado !toco madera!, pero me lo he imaginado tod como lo cuentas. Que bonito lo de la luz.

Besos

Duna | 22-06-2006 11:54:36

Charles! espero que ya estarás totalmente recuperado y saboreando el placer de una comida gustosa, de esas que te hacen segregar jugos gástricos nada más verla
:-) jajajaja es que me ha hecho mucha gracia eso de... "... el mercado negro de alimentos en el hospital..." es genial.
Me alegra muchísimo verte aquí de nuevo.
Un beso!

almena | 22-06-2006 20:11:19

Pues espero que no haya sido nada, y que estés recuperado.

Medea | 26-06-2006 19:03:45

Feliz de leerlo ya se le extrañaba Charles....aunque ya no ejerzo (soy enfermera) feliz habria sido de encontrar algun "paciente" impaciente como usted.....y bueno aparte de la compañia de aquellas mujeres de blanco tenia a Magroll que seguro alivio un poco su estancia ahi....
BESO BLANCO

GUADALUPE | 27-06-2006 08:27:03

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