
"El laberinto es la patria del que duda" (Walter Benjamin)



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Lunes, 15 de mayo de 2006

Sopla, viento, sopla…
En lo alto de la Torre que llaman de Constanza impera la voz del viento; apenas se distingue otra cosa: quizá el rumor de algún grupo de niños jugando por las calles de la ciudad, el ladrido de un perro o el rugido de la moto que lo ha provocado; pero poco más. Algo parecido ocurre con la vista, pues a toda la abarca el brillo del Mediterráneo y ese blanco cegador de las salinas locales. Huele a sal y agua. El tacto del viento es templado y convulso.
La torre se yergue sobre Aigues Mortes con toda la solemnidad que le da el ser su edificio más emblemático; cuando llegas a esta ciudad, la buscas con la mirada –pues quieres evocar en ella la historia de la desdichada Marie-, y enseguida la ves frente a tí. A tu lado una familia que merodea por ahí, la señala y el más pequeño exclama:
- Ahí está, es esa.
Por fin has dado con ella.
Su forma es la de un catalejo cerrado posado sobre una mesa. De hecho parece como si el que la construyó allá por la Edad Media, pensara en ello como una metáfora, pues desde la torre se tiene una de las mejores vistas de toda la Camarga, con la ciudad extendida a sus pies formando un perfecto rectángulo amurallado y un grupo de calles principales trazadas en cuadrícula. Las casas son pequeñas, de apenas dos pisos, muy antiguas y cada una con su chimenea humeante: vista así, la vida parece no haber cambiado mucho desde el año 1732.
Por aquél tiempo, la amplia sala que hay en el segundo piso de la torre es utilizada como prisión. Allá va a parar todo hugonote que cae en manos de las autoridades locales, desde que en 1685 Luis XIV revocara el Edicto de Nantes y comenzara en todo el país la persecución de los reformistas.
En aquella enorme pieza de la Torre de Constanza conviven hacinados más de un centenar de personas de todas las edades, sexo y condición; hay hasta quienes han nacido o muerto en aquél lugar.
Las más de las veces comen de aquello que les proporciona la voluntad de sus guardianes, a quienes pagan precios abusivos con las donaciones que de tarde en tarde llegan para ellos desde los Países Bajos y los cantones suizos.
Esta mañana ha habido suerte, y alguien reparte entre sus allegados y los más necesitados, el poco alimento que ha conseguido; un grupo de personas se aplica en hacer un fuego para calentarse, mientras otros permanecen dormidos y desparramados por toda la estancia. Una mujer escribe algo con un punzón en la pared: se llama Marie.
Asomado a una de las amplias aspilleras por las que entra la poca luz que hay en el interior, un hombre mira fuera ensimismado. Entretiene su tiempo observando los barcos que descansan en el puerto, a los marineros recogiendo los aparejos, o a aquellos hombres que descargan fardos de un jabeque recién llegado. Hay gente paseando por el muelle y numerosos vendedores alrededor de ellos ofreciéndoles los más variados productos.
El prisionero, sentado bajo la bóveda abocinada del alféizar puede oír vocear a los mercaderes en medio del murmullo general de la ciudad. De vez en cuando, su atención se ve distraída por el aleteo de alguna paloma que entra a reposar ahí mismo, junto a él, unos instantes.
A lo largo de los diez años que lleva ahí encerrado, se ha acostumbrado a seguir a diario la entrada y salida de los barcos, a verlos marchar los días claros y guarecerse los de tormentas; ha aprendido con la ayuda de un hombre de mar que compartió prisión con él, a reconocer las naves por sus diferentes tipos de vela, por sus aparejos, su envergadura… Lleva tanto tiempo, tantos años observando aquél puerto, que sabe –o imagina- que cuando lo frecuentan corbetas, bombardas o fragatas es que la Armada Real está en pié de guerra; que cuando menudean los faluchos, las tartanas y los jabeques, es que la paz impera en el reino y que las gentes que viven ahí abajo, sólo tienen que preocuparse de sus quehaceres cotidianos viviendo de la pesca, el comercio y el contrabando.
No recuerda ya cuántas veces ha perdido sus pensamientos en la imaginación de que consigue huir de esa condenada torre en una pequeña tartana de aparejo latino, un día en el que clarea el amanecer y, barloventeando, desaparece de aquél lugar. Incluso ha dibujado con la ayuda de una piedra desprendida de la pared una de esas tartanas: la suya, la que le ayudaría a marchar de allá.
Imaginar… Cualquier cosa mejor que no hacer nada, que ocupar la cabeza en pensamientos lúgubres y enloquecer, como ve que ocurre a menudo.
En algún lugar de su mente, la vela triangular flameaba hasta hincharse y entonces, cabeceando contra el viento, la tartana se pierde en el horizonte, sin dejar tras de sí ni siquiera la estela de su paso. A sus oídos no llega sino la llamada del viento al que se dirige, y en sus ojos se extiende el Mediterráneo. Huele a agua y sal.
Sopla, viento, sopla…
Por: Charles de Batz | General | Comentarios (18) | Referencias (0)
Charles, glorioso día. Sobre la huida de la locura, la utopía, grandes retazos precisos de multitud de cosas; las cruzadas, la noche de San Bartolomé, la arquitectura medieval, lengua marinera, una misteriosa Marie (quizás Marie Durand), la historia de un pueblo a tavés de una mirada sepultada. Glorioso día Charles.
Herri | 15-05-2006 16:42:00
Comparto lo que dice Herri y añado que es un relato muy bello,una evocación muy precisa y poética. Enhorabuena también.
Vere | 15-05-2006 17:34:06
Queridos amigos bucaneros: como es habitual en vosotros, no hay tesoro que se os resista y conseguís abrir con habilidad el cofre para desgranar uno a uno todos los secretos que en él se encierra.
Como bien dices, Herri, se trata de Marie Durand, de quién tengo pensado escribir algo más adelante. En el fondo ella es el símbolo que encierra la torre, sobre todo su palabra aquella que marcó -dicen- un día en las paredes de la Torre de Constanza. ¿Resistiremos nosotros?. Ella lo hizo.
La fotografía del barco está tomada allá mismo, junto a la ventana y a pocos metros del lugar en el que se encuentra aquello de lo que hablo en el párrafo anterior.
Dos referencias que no fuí capaz de atar a esta historia: la primera, recurrente y fácil de llegar a ella, la de un Edmundo D'Antes avant la lettre, sin deseo de venganza ni tesoros esperándole. ¿Se puede vivir sin ninguna de esas dos cosas?.
La segunda tiene que ver con el hecho comparado de que hoy en día se producen situaciones semejantes en otros países y nosotros, que las sufrimos entonces, parecemos haberlo olvidado.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 15-05-2006 18:39:13
Sólo puedo decir que me he transportado en la tartana, ahora sólo veo la torre desde ella, tal vez vislumbrando a Marie y sus ojos anhelantes. Charles, cualquier otra cosa que pudiera decir ya la habeis comentado, es magnífico, día a día te superas. En honor a Marie y a las mujeres denigradas a día hoy, permíteme el "panfleto", leí no hace mucho a Masuda Yalal, ministra para Asuntos de la Mujer de Afganistán: "Hasta ahora, el 60% de las niñas en edad escolar no va a la escuela; el índice de mortalidad por parto es uno de los peores del mundo, y la pobreza es generalizada. Desde el punto de vista legal, el 90% de las esposas y las hijas en las zonas rurales sufren violencia doméstica. Existen además cuestiones como heredar mujeres, mujeres en propiedad, matrimonios forzados -en el campo suponen el 68% del total-, mujeres entregadas como pago de deudas de sangre e intercambio de mujeres entre matrimonios."
ladydark | 15-05-2006 19:40:11
alma | 15-05-2006 20:15:25
Me parece fascinante tu texto.
Me parece muy dulce a la vez, que conociendo la historia y lo que trae cada barco, pinte una tartana como símbolo de paz...
Que sople el viento...que sople...
besos
esencia | 15-05-2006 22:32:13
Yo creo que resistiremos Charles, y si flaqueamos aquí están los amigos para poder hacer lo que se pueda.
Sobre las dos referencias a las que dices no haber podido atar a la historia: el conde creo que se nos pudo pasar a todos por la mente, pero ¿Qué mejor tesoro que la libertad?. Sobre la segunda: en mi opinión toda buena lectura ha de traspasar lo que el cuento relata, si además, este es un relato en el que aparecen referencias históricas, nunca hemos de obviar lo que la Historia nos puede enseñar, y en tu relato creo que lo consigues.
Salud y buenos sueños amigo Charles.
Herri | 15-05-2006 23:29:16
Anei | 16-05-2006 00:55:45
"En algún lugar de su mente, la vela triangular flameaba hasta hincharse", eso es lo que está escrito en el post anterior que es el comienzo del penultimo párrafo de este. Creo que por una vez he adivinado...
Salu2
P.D.: creo que lo del Conde de Montecristo todos lo hemos tenido presente cuando te leiamos.
zubi | 16-05-2006 09:12:24
!Bingo, zubi!, de lo poco que pueda intuir sobre tu persona, hay algo que me queda claro: estás especializado en la egiptogía, la lectura de tablillas cuneiformes y los textos sánscritos; de ninguna otra manera se entiende que puedas leer lo que ponía en el post anterior ;-)
En cierta manera tú, zubi, y Herri tenéis razón en el sentido de que es muy recurrente el pensar, al leer una historia con estos ingredientes,en la del Conde de Montecristo.
Ladydark, disfruta del aire fresco que se respira desde la tartana, del plácido rumor de la marea... Gracias por tus generosas palabras hacia lo que hace este escribidor y gracias también por el testimonio que anotas en el cuaderno en relación a Marie.
Esencia, tengo que decirte que me ha gustado mucho tu interpretación y que te agradezco que nos la hagas saber, pues es eso -conocer las diferentes visiones que tiene cada persona de una historia-, lo que más me apasiona de los comentarios que se hacen en las bitácoras. Es la mejor manera de enriquecer una historia y a aquellos a quienes la han leido: todos tenemos algo que contar que los demás seguramente no han visto o no se han detenido a pensar en ello.
Anei, alma, muchas gracias por vuestras palabras y espero que mantengáis esa sensación a viento y sal, a libertad.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 16-05-2006 12:04:42
najwa | 16-05-2006 12:35:32
Vailima | 16-05-2006 16:21:16
Así es Vailima: como siempre que hago un largo viaje, vuelvo acompañado de un recuerdo; ese es el que había elegido para conmemorar la ocasión.
Charles de Batz | 16-05-2006 17:23:59
Charles de Batz | 16-05-2006 17:31:47
Charles espero que no, hay tantas cosas, sensaciones, ilusiones, bonitas que perderiamos... Menos mal que el autor recepción de tu "bonito" le ha hecho la justicia merecida a tus palabras :).
ladydark | 16-05-2006 18:50:25
Charles de Batz | 16-05-2006 20:04:29
Dunna | 16-05-2006 23:19:08
Maravilla que atesoro y me emociona.
La forma en la que haces la entrada, el camino de evasión que hace la imaginación en los peores momentos...
Me emociono con esta entrada.
Digna de publicarse.
Gracias Charles.
Goathemala | 26-05-2007 12:25:22
