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Miércoles, 03 de mayo de 2006
Debilidad, interferencias de los problemas de nuestro día a día, o falta de motivación… ¡quién sabe!: el caso es que la inspiración abandona totalmente a nuestro ser, y nos sentimos incapaces de articular una palabra o un sonido que no proceda de las corrientes sedimentarias del lugar común.
Pasa que en estos casos, cada uno busca el modo de conjurar de nuevo a las musas, de atraerlas por mediación de cualquier engaño a la celada que ha colocado para atraparlas al paso, y tenerlas de vuelta al servicio de su inspiración.
Tengo por costumbre, cuando me ocurre esto, revisar los rincones más recónditos de mi biblioteca; buscar entre los estratos más antiguos de mis lecturas en pos de aquellas palabras, historias o imágenes, que en su momento supieron inspirarme una reflexión y un gozo intelectual, del que seguramente tuve que despertar al no haber modo de compartirlo, en aquél momento, con nadie.
Colocaba una marca y continuaba adelante.
- Es cuestión de tiempo –pensaba.
En una de estas búsquedas volvió a mis manos un viejo volumen de color verde, encuadernado en rústica y de unas 500 páginas. De su interior sobresalía un papelillo que seguramente quería llamar la atención de mi yo del futuro –por ejemplo, el de ahora-, sobre algo que en aquél momento consideré interesante.
Giré el libro para leer en su lomo e identificarlo: se trataba de una obra escrita allá por la segunda mitad del siglo IV… No necesité más: vino de repente a mi memoria el texto que había querido reservarme para futuras visitas, el motivo por el que lo había hecho y, casi exactamente, el momento en el que tuvo lugar aquél hallazgo.
Con sumo cuidado, como si el libro fuera a romperse en mil pedazos al ser abierto por mis manos, busqué el punto por el que sobresalía aquella pequeña hoja de color blanco. Sin hacer caso del texto, la tomé en mis manos para confirmar lo que ya imaginaba que era: un billete de autobús de la compañía La Roncalesa, fechado el 3 de marzo de 1985…
Mi mirada se deslizó por el borde superior del billete. Allá, a lo lejos, no veía sino en mi interior, en el pasado –al que siempre se evoca con un suspiro-, en el recuerdo de situaciones y personas cuya existencia parecen ahora más parte de alguna de mis invenciones, que de mi verdadera memoria.
El texto que tanto había llamado mi atención, fue escrito en aquellas remotas épocas en las que se redactaba sin puntuar ni separar las palabras, en los que la lectura se hacía por necesidad en voz alta, para que los que entendían verdaderamente el sentido de aquellas marañas de signos, pudieran entonarlos y pronunciarlos de manera que tanto ellos como su auditorio comprendieran el significado de lo que se decía. Así fue, según se dice, hasta el siglo IX, en que se hicieron comunes la puntuación y separación de palabras y, por ende, la lectura en silencio.
Al leerlo, tiene uno la sensación de participar en el alumbramiento de un hecho tan importante como es el de la lectura silenciosa tal y como la practicamos hoy en día.
Con gran admiración y curiosidad narra el autor cómo ve a su maestro leer para sí mismo, y lo cuenta de manera tan delicada y sorprendida, que su lectura supone un placer que yo, hace mucho tiempo, quise compartir con alguien:
“Cuando no estaba con aquellas ocupaciones y negocios, que era por muy poco tiempo, se ocupaba en dar a su cuerpo el sustento necesario, o en la lectura que es el alimento del alma. Cuando leía, llevaba los ojos por los renglones y páginas, percibiendo su alma el sentido e inteligencia de las cosas que leía para sí, de modo que ni movía los labios ni su lengua pronunciaba una palabra.
Muchas veces me hallaba yo presente en su lectura, pues a ninguno se le prohibía entrar, ni había costumbre en su casa de entrarle recado para avisarle de quién venía; y siempre le vi leer silenciosamente, para sí, nunca de otro modo. En tales casos, después de haberme estado sentado y en silencio por un gran rato (porque ¿quién se había de atrever a interrumpir con molestia a un hombre que estaba tan embebido en lo que leía?) me retiraba de allí, conjeturando que él no quería que le ocupasen en otra cosa aquel corto tiempo que tomaba para recrear su espíritu, ya que por entonces estaba libre del ruido de los negocios y dependencias ajenas. También juzgaba yo que el leer de aquel modo sería acaso para no verse en la precisión de detenerse a explicar a los que estaban presentes, y le oirían atentos y suspensos de sus palabras, los pasajes que hubiese más oscuros y dificultosos en lo que iba leyendo, o por no distraerse en disputar de otras cuestiones más intrincadas, y gastando el tiempo en esto repetidas veces, privarse de leer todos los libros que él quería. Sin embargo, el conservar la voz, que con mucha facilidad se le enronquecía, podía también ser causa muy suficiente para que leyese callando y sólo para sí; en fin, cualquiera que fuese la intención con que aquel gran varón lo ejecutara, sería verdaderamente intención buena.”
(Agustín de Hipona. Confesiones, libro VI, cap III, 1-2)
Por: Charles de Batz | General | Comentarios (39) | Referencias (0)
Después de casi tres años de bitácora, te aseguro Charles que los momentos en los que quedas huérfano de inspiración son los que más abundan. En extraña paradoja uno siente hambre y no tiene con qué comer, ni con qué alimentar. Sin embargo, el mundo y, sobre todo, nuestra imaginación, siguen estando ahí, como aquel día en que las ideas se le desbordan a uno en todo lo que hace.
Como bien dices, cuando enfermos de inspiración buscamos desesperademente algo que nos alimente, recurrimos a viejas anotaciones, a cuadernos de citas, a los libros -compañeros fieles- de nuestras estanterías. Y de pie, como a la espera de la consulta de un médico del alma, confiamos esperanzados en que el libro que soportan nuestras manos nos conduzca a la morada de las Musas. Mientras tanto, en silencio, recorremos un subrayado, una anotación al margen o un papel mal cortado que nos sirva de señal. La señal de que ahí vive una idea con la que disfrazar nuestras palabras para un post.
El tuyo, soberbio, como siempre.
Vailima | 03-05-2006 15:15:32
Charles, no nos viene mal en estos momentos, recordar unos versos del epitafio de Jenaro Talens. Espero que te (os) gusten:
"Fui un viejo juglar, y conté historias.
Mi nombre os es indiferente.
Sólo dejo constancia de mi oficio
porque fue oficio quien dictó mis versos
no la pequeña vida que viví,
ni su dolor, ni su insignificancia:
ella murió conmigo y aquí yace,
desnuda como yo, bajo esta piedra"
Vailima | 03-05-2006 15:29:45
Cuanto me alegro que ese día lejano, sin conocernos aun, guardaras un pedazo de tu vida entre las páginas de ese libro, y que hoy, ahora que nos conocemos, hayas decidido recuperarlo para nosotros. Que las musas te sean propicias, y no olvides de donde venía la musa: "...mi primer origen ha sido esa cosa que no se explica; engendróme la duda y parióme el deseo. Después, vuelta de arriba, vuelta de abajo, resbala aquí y tropieza acullá, fuime criando, a puntapiés, como quien dice; pues mientras los unos me amaban, detestábanme los otros, y unas veces viviendo al prestado, y otras vistiéndome de despojos, fuime criando, como la mala o buena yerba (que no sólo la mala yerba crece) a la sombra de los pensamientos venales y de las imaginaciones ardorosas. Tenía además por mis familiares a la revolución, dama desmelenada y entusiasta si las hay; a la libertad, matrona honrada como ninguna, pero a quien han dado en vestir con tales jaramallas que no la conoce quien la crió; al orden, persona un tanto hipócrita, pero de aspecto inalterable, y al desorden, que anda siempre a puñadas con su antagonista; al honor desacreditado, y no sin razón, en los duelos... y al descaro y al ¿que se me da a mí? dos seres los más groseros y mal educados del mundo, pero también los más listos y que saben mejor que nadie abrirse paso por las sendas prohibidas."
ladydark | 03-05-2006 16:47:16
Vailima, Ladydark:
"Infernal conjunto, pero ¿consiste en eso toda tu ciencia, reina de la maldad? El mundo está lleno de truhanes y descarados, y a fe que tus prosélitos no alcanzarán gran cosa por ese camino."
Yo no hubiera elegido mejor cita que esa para referirse a las musas "a quien han dado en vestir con tales jaramallas que no la conoce quien la crió". Magnífico.
Al fin y al cabo, la musas no son sino un estímulo -o, mejor dicho, ellas son capaces de despertarlo-, un "algo" que hace funcionar nuestra percepción de las cosas y la capacidad que tenemos de traducirla a formas interpretables (palabras, colores, etc...).
Creo que se han quedado por allá donde estuve, porque desde mi regreso, apenas las oigo revolotear por aquí... Tendré que revisar su convenio laboral...
Me ha encantado el epitafio de Jenaro Talens, y he de reconocer, con el rubor habitual, que no lo conocía; así que tomo nota y agradezco la revelación haciendo una reverencia con mi sombrero.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 03-05-2006 17:07:31
Y ahora sin embargo la lectura es un hecho más individual, más reflexivo. En épocas anteriores a lo que tu cuentas, parece tratarse más de algo colectivo y participativo, en el que la lectura se vería de continuo interrumpida para que los oyentes dieran su opinión o pidieran que se les aclarara los puntos mas oscuros (algo de eso dice el texto que tu citas de San Agustín refiriéndose a San Ambrosio Obispo de Milán). En cierto modo, la lectura sería entonces casi como oir la radio o ver la tele, y un libro les duraria mucho más tiempo con todas esas interrupciones. Yo me pregunto ¿habría publicidad? ;-)
Algo de ello, pero con más retraso, había también en las polémicas oraciones en silencio que preconizaban creo que Santa Teresa y San Juan de la Cruz. ¿Se trata de una consecuencia (muy posterior) de lo otro?.
Puff, de ésta nos hacen teólogos agnósticos
Saludos hermano Charles ;-))
zubi | 03-05-2006 20:21:12
Como Agustín contemplaba a Ambrosio, así nosotros hemos tenido la fortuna de seguirte por tu biblioteca y tus pensamientos. ¿Que más se puede pedir?
Ese episodio de Agustín es quizás el que más llamó mi atención en el estupendo libro de Alberto Mangel "El elogio de la lectura" Abrazos a todos.
Vere | 03-05-2006 20:34:21
Cúantos y cúantos de mis libros esconden envejecidos y troquelados billetes de autobús, axfisiados entre palabras y que recobran vida cada vez que los sacamos a respirar, memoria de la vida que es la que fué y que ahora es también la nuestra. En el relato que haces, en aquel tiempo que es este quizás pudimos compartir asiento en aquella Roncalesa.
Lo que más ardientemente desea todo el que pone el pie en la escalerilla de un autobús de linea para emprender un largo viaje es que el compañero que le toque en suerte sea de amena conversación y tenga sus mismos gustos, sus mismos vicios, pocas impertinencias, buena educación y una franqueza que no raye en familiaridad. Estoy seguro que tu hubieras sido un excelente compañero en aquel viaje que no puddo ser.
Por alguna razón todavía inexplicable para mí en muchos de aquellos viajes en autobús, una venerable
y añosa monja solía ocupar a mi lado asiento y medio.
Herri | 03-05-2006 22:45:59
Siempre me gustó leer libros, desde pequeña tuve una gran librería en casa y siempre guardé recuerdos en cada uno que leía.
Recuerdo todos los viajes que pude hacer en tren, algo que hoy en día dejamos a un lado pues hay otros vehiculos más modernos y rapidos.
Me has hecho recordar todas esas aventuras de buscarte la vida cada vez que ibas a cualquier lado.
gracias una vez más por traerme recuerdos casi olvidados.
un saludo
trasti | 04-05-2006 09:08:44
Vere: ese libro que mencionas, y que parece que recomiendas, queda apuntado, y listo para ser adquirido en una de mis próximas razzias de librería. Gracias vuestros comentarios, estoy descubriendo nuevas y muy interesantes referencias.
Herri: va a ser que no, que no compartimos asiento; por lo menos en la ocasión que cuentas, pues a pesar de que uno ha sido muchas cosas, lo de monja todavía no lo he tocado ;-)
De aquellos viajes en la Roncalesa conservo muchos recuerdos que el tiempo y la nostalgia de todo aquello los han convertido en gratos, aunque en aquél momento no lo fueran tanto. Quién sabe, pero si fue por la misma época es muy posible que coincidieramos, por ejemplo, empujando al autobus atrapado en la nieve en la subida a Azpiroz, en alguno de sus interminables desvios por Alsasua debido a algún accidente en Betelu, la monomanía "casetera" de un conductor que siempre -durante años- atormentó a los viajeros con una desgastada cinta de rancheras y otra de chiste del "Tio Tomás"... Vamos, que con esto hay para un buen anecdotario y, en cierta medida, tu comentario ha abierto en mi memoria ese apartado de mis recuerdos... !Como pasa el tiempo!.
Hubo un tiempo en el que los fabricantes de relojes para campanarios de iglesias dieron en ponerles esta inscripción:
Vulnerant omnia, ultima necat
Charles de Batz | 04-05-2006 10:08:11
El libro al que se refería vere de Alberto Manguel es "Una historia de la lectura"; las prisas por salir tras el marrano para la cena le hicieron confundir el título.
Herri | 04-05-2006 12:22:31
Vailima | 04-05-2006 14:09:04
Estupenda tu 'falta de inspiración', Charles.
Mis libros también están poblados de huellas. Son libros vividos.
«Elogio de la lectura», queda, igualmente, anotado en mi lista.
Gracias a todos.
migratoria | 04-05-2006 15:21:00
No sé que pasa últimamente que tropiezo con mi infancia a cada momento. Recuerdo ojear los libros de mi padre en busca de esos tesoros... un billete del último día que funcionaron los tranvías en Barcelona, propaganda de una casa de empeño, entradas de cine... Aún seguirán allí, estoy seguro. Recuerdos de mi padre que el tiempo ha encadenado a los míos.
Ay, deben haber pocas musas para tanto creador porque yo también las empiezo a echar en falta. Estarán de gira por otros lugares, tal vez por los servidores de blogia. De todas formas, Charles, lo disimulas bien, porque yo, si tú no lo mencionas, hubiera jurado que las tienes a todas contigo.
Jafatron | 04-05-2006 16:10:13
Búscalas Jafatron, búscalas que seguro que las musas andan escondidas por las casas de blogia, jugando a cerrar las puertas para que no podamos entrar en ellas... Imposible visitar a nuestros vecinos: me recuerda los trabajos que sufrimos en bitacoras.com. Ahora les ha tocado a ellos...
Si siguen así les haremos su propia camiseta de "yo sobreviví..."
Migratoria, gracias por tu visita y tus palabras. Recuerda que, como aclara Herri, el libro se titula "Una historia de la lectura", lo de elogio suena un tanto erasmista y parece deberse a que Vere corría en ese momento detrás de los jamones y los lomos.
Por cierto, ¿no será que se están dando un festín con el marrano los de blogia, y por eso no reciben?
Ojo Jafa, que igual nos dejan sin cena ;-)...
Charles de Batz | 04-05-2006 20:48:39
¡eso nunca! Nuestra mesa siempre estará puesta para vosotros.
Los cutos y las becadas,
las morcillas y chorizos,
las legumbres en buen guiso
y el vino de mejor añada.
Vere | 04-05-2006 22:53:10
A veces se nos olvida que detrás de cada una de neustras acciones cotidianas, hay muchas vidas, muchas mentes y mucho tiempo...
Y ante todo, que todo tiene una magia inmensa, que a veces la rutina va opacando... Yo no recordaba (¿O no sabía?) que leer para sí mismo, tiene mucho de mágico.
Pero ahí estás tu, Cahrles... Listo a rescatar la belleza de donde sea...
¡Saludos!
Raúl | 05-05-2006 00:18:15
Cómo disfruto con cualquier tema que hable de lectura, de libros, de historias sobre ellos...
Me declaro adicta, "libroadicta". ¿Sabes? de pequeña, cuando aún no podía permitirme por mí misma tener cuantos libros quería, soñaba de forma recurrente que yo tenía una librería. Estaban todos. Y yo disfrutaba tanto...
un beso!
almena | 05-05-2006 01:03:06
Es cierto, Charles, ahora ha llegado nuestro turno. Blogia está imposible. No obstante, os doy las gracias por acogernos en vuestras casas, siempre entrañables y repletas de buenos y nuevos amigos.
Con respecto al tema de las musas, os recomiendo una intrigante novela de Jose Carlos Somoza, titulada La dama número trece. ¿Qué ocurre cuando una musa nos ofrece lo que tiene? sin darnos cuenta nos quita parte de nosotros mismos. A veces, de forma cruel.
Almena: cuando yo era pequeña también, recuerdo que mi madre me daba 15 ptas. de paga a la semana. Entonces, (allá por un entonces lejano), salió al mercado una colección de fascículos sobre arte, titulada Grandes de la Pintura, que si no recuerdo mal costaba 25 ptas. A mí no me llegaba con mi dinero y me armé de valor y acudí a la librería (la única que había en mi pueblo) y le pedí que me fiaran: me llevaba el cuadernillo, pagaba mis 15 ptas. y dejaba a deber el resto. De vez en cuando amortizaba el préstamo (mi primer préstamo, por cierto) con las 5 ptas. que mi padre me pagaba por cada cigarrillo que le liaba de "caldo de gallina". Terminé la colección y hasta la llevé a encuadernar.
Recuerdos, siempre recuerdos.
Vailima | 05-05-2006 07:34:49
Vailima | 05-05-2006 08:08:04
Esta claro, amiga Vailima, que siempre tendréis un lugar donde acomodaros en ésta casa, y sobrellevar de la manera más paciente y reposada las jugarretas de los divinos servidores -que nos tengan en su gloria, habrá que decir-.
De cualquier manera, espero que se arregle pronto, para seguir disfrutando de esa deliciosa muestra de relatos a la que, si los vientos me son propicios, pienso contribuir de algún modo.
Además de ser una delicia esa pequeña evocación que haces, ha despertado en mí un recuerdo ¿no será una colección que dedicaba su primera entrega a Velazquez?, es que me suena un montón.
Almena: bonito sueño, creo que también yo alguna vez volé por aquellos lugares: tener LA biblioteca. No recuerdo cuando, a la típica pregunta de en qué época y cómo me hubiera gustado vivir, respondí:
- Sin lugar a dudas, en Alejandría, en la Edad de Oro de su Biblioteca, como responsable máximo de la misma...
Y, por supuesto, añado ahora, con todo el tiempo libre para hurgar en sus estanterías.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 05-05-2006 08:54:36
No recuerdo con exactitud el dato, Charles. Lo que sí tengo presente es el tono marrón de cada entrega y el color "caca" de las tapas envolviendolas en una especie de granulado suave.
Tengo la colección entera en el desván, no por desidia ni desinterés, todo lo contrario. Lo de siempre, falta de espacio. Cuando pueda, subiré y echaré un vistazo. Me dolerá. Seguro.
Vailima | 05-05-2006 09:17:24
De forma parecida a esos fascículos de arte, yo siempre recuerdo las revistas de "Historia y Vida" que mi madre compraba religiosamente, mes tras mes, alla por la decada de los 70. Cuando aprendí a leer en mi afán por leer todo lo que estuviera a mi alcance se incluyeron estas. Tendría 8 ó 9 años y seguramente no me enteraría de casi nada de lo que leía, pero creo que pusieron los cimientos para mi pasión por la historia. Mi madre las guardo todas, durante unos 15 años creo, hasta mediados de los 80 que dejaron de publicarse, las encuadernó y hoy están en mi libreria. De vez en cuando las abro y las hojeo y vuelvo a ser la niña sorprendida que entonces era.
ladydark | 05-05-2006 09:43:43
A mi me pasaba algo parecido con las revistas de Historia16 !cómo me gustaban!, pero al igual que le ocurría a Vailima, aquello era demasiado caro para mí -no recuerdo, pero andaría por las 50 ptas.-.
Aún me veo acercarme al quiosco y quedarme absorto mirando la portada blanca y azul de una de sus entregas, con el busto del emperador Augusto en su portada y el título de "Hispania Romana". Mi imaginación volaba intentando dibujar, en la mente de un chaval de quizá 14 años, los misterios e historias que se desvelaban ahí dentro.
Todos los meses me acercaba al mismo sitio, miraba la portada, imaginaba su interior y pensaba eso de:
- Cuando sea mayor...
En esta repetición casi idéntica que se producía todos los meses había un punto de inflexión, gracias a las donaciones que el que esto escribe recibía por parte de su familia el día de su cumpleaños o el de su santo. !Felices días!. Corría al quiosco, y después de mirar y remirar con mucho celo, me quedaba con una de ellas y me marchaba feliz a leerla.
Ladydark, quizá me confunda, pero creo que esa revista cambió de formato pero ha continuado editándose...
Gracias por vuestros recuerdos, el tesoro más precioso que tenemos...
Charles de Batz | 05-05-2006 09:55:39
No se si las musas andarán por blogia, lo que si andan son los letreros de "servicio en mantenimiento", que me recuerdan a esos otros que tanto abundan por la red, "Sitio en construcción", tras los que inevitablemente no puedo sino ver a unos esforzados trabajadores embutidos en su mono azul, casco amarillo o rojo, taladrando el suelo o empalmando tuberías. Mientras acaban de comer el bocata aprobecharemos la casa de los amigos, al menos para saludarlos a ellos y a quienes vamos conociendo en sus casas.
Estoy de acuerdo, Charles, con que nuestros recuerdos son nuestro más precioso tesoro, como cierto es, que uno de los placeres de la lectura es el recuerdo, recuerdos que nos has hecho aflorar con tu relato.
Herri | 05-05-2006 11:00:06
Efectivamente Charles, se volvieron a editar hace unos años creo, pero desgraciadamente ya no tenían nada que ver con aquellos pequeños reductos de libertad, en un tiempo en que en España costaba muy cara la libertad.
ladydark | 05-05-2006 11:09:06
Blogia se está trasladando a un servidor más grande. Por el momento nos han comunicado que es imposible administrar el blog, por lo que -hasta nueva orden- quedamos huérfanos de casa propia.
Charles, aquí se está muy agustito. Yo no tengo piano de cola como Jafatron...
Vailima | 05-05-2006 12:08:34
Vailima, celebro que te encuentres agusto en este lugar, sabes que tu y todos los que tenéis la deferencia de visitarme, tenéis en esta vuestra otra casa. Así que a ponerse cómodos.
Me encantan la música de piano, pero de tenerlo nada de nada. Si te vale con una botella de anís y una cuchara, quizá le saquemos algo de música...
Ladydark: desde luego que sí, poco tiene que ver con lo que era antes, pero eso ocurre creo yo con ese sector en general: no hay más que ver la catadura de las colecciones "enciclopédicas" de hoy en día; y si hablamos de revistas de historia, está claro que tienen el mismo nivel que los documentales del Canal Historia y repiten los temas una y otra vez...
De aquella época, recuerdo aquellos númerosos en los que se nos abrían los ojos a hechos y personajes de los que no teníamos noticia en el colegio o cuyos nombres se pronunciaban todavía con la boca casi cerrada... Recuerdo también con mucho cariño aquellos especiales que editaba la revista de la que tu hablas dedicados a "las grandes fugas", "piratas y corsarios", "bandidos", "las guerras carlistas"...
Muchos de ellos llegaron a mis manos años después, comprados a precio de baratillo en las ferias del libro antiguo y de ocasión de mi ciudad. El tiempo siempre despliega los vientos de la ironía sobre aquello que en algún momento hemos considerado el más preciado de los tesoros.
Todavía aún, rebusco entre los montones antiguos de aquellas revistas, hojeo -con "h"- sus indices, deslizando poco a poco mi tembloroso dedo por cada una de las líneas que describe un título, esperando encontrar en él un billete que me lleve a lugares recónditos y lejanos donde perder mi imaginación.
Charles de Batz | 05-05-2006 12:27:49
Bonita descripción Charles. Me apunto a lo de la botella de anís, me recuerda a un programa de la tele de cuando era niño que se llamaba algo así como "La Banda del Mirlitón", seguro que tu también lo recuerdas ;-)
Por aquella época, mi lectura eran los tbos y pasaba unos ratos que todavía me sorprende recordar como me reia.
Saludos
zubi | 05-05-2006 13:49:01
Bueno, yo a estas horas y dado que estoy en casa prestada, os diré que anís no, pero estoy cocinando un marmitako con atún de Hondarribia (mi pueblo, Fuenterrabía antaño) que está haciendo que segregue más jugos que con los relatos eróticos. En fin, a estas horas ya se sabe...
V | 05-05-2006 13:58:57
Vailima | 05-05-2006 13:59:56
mmmm, vaya olor más rico que ha dejado en esta casa tu marmitako, Vailima, !así da gusto!. !Buen provecho!
Charles de Batz | 05-05-2006 14:12:53
Yo también me vengo a tu casa. Me pasa, como ya se está convirtiendo en costumbre, lo de los recuerdos cruzados, con Historia y Vida por ejemplo... Pero también tengo que cocinar. Hasta luego.
Vere | 05-05-2006 14:30:43
Vere | 05-05-2006 14:37:35
Bienvenido Vere, ponte cómodo y ya sabes que aquí tienes siempre un lugar. Yo también marcho en un momento a casa, a cocinar -que uno ya tiene hambre de tanto oiros hablar de comer- y después -merced a la tarde libre que me ha tocado en gracia-, al super, a pasear, a leer, a pensar en si soy capaz de escribir algo que merezca la pena de incluirse en la "I Mostra Aretina", y sí da tiempo, a olvidarme de todo lo que tiene que ver conmigo de lunes a viernes.
Salud y Fraternidad
Charles de Batz | 05-05-2006 14:40:43
Uff... malditos todos, llego a casa despues de trabajar y me encuentro el cuaderno de Charles rebosante de sutiles olores a platos deliciosos...estoy a dieta¡¡¡ Señores es inhumano, las 4 de la tarde, sin comer, y me esperan unas acelgas desvaidas, y ustedes haciendo que mi estomago segregue no ya jugos, litros, litros...
ladydark | 05-05-2006 16:11:16
Esta casa empieza a estar tan concurrida que me siento como en casa y no es ninguna redundancia. Me quedo, claro, y me traigo el piano si hace falta, las guitarras y a Coco que siempre es buena compañía.
Hay un no sé qué en el aire de esta primavera que nos hace revivir recuerdos a cada momento, y nos entran temblores en las manos (¿o esto era por otro motivo?). Pensaba que solo me pasaba a mí, pero veo que no...
Jafatron | 05-05-2006 16:55:04
Queridos Vailima, Vere Y Herri: veo que son cerca de las 19.00 y en la arena de vuestras playas no hay manera de dejar huella, !por cien mil truenos!, voy a empezar a pensar en encargaros las camisetas pro-"yo sobreviví a..."
Paciencia
Charles de Batz | 05-05-2006 19:06:49
Es curioso, yo también dejo marcas en los libros para volver a ellas algún día :) Es bonita la coincidencia....
Creo que es porque de alguna manera no quiero separarme de ese trozo y necesito estar cerca de él y no perderlo.
Me ha gustado mucho la selección que has hecho del libro. Gracias a esa marquita todos la hemos disfrutado.
Besos.
najwa | 08-05-2006 11:49:22
Cierto, a veces la inspiración nos abandona. Tengo muchos escritos a medias o sin final definido. La lectura es fuente de inspiración siempre. De Las confesiones de San Agustín, que leí hace años, recuerdo la familiaridad con la que "hablaba" a Dios, la cercanía con la que lo sentía. No era una cuestión de fe era casi familiaridad con el Altísimo.
No recuerdo ese pasaje de la lectura silenciosa pero es verdaderamente subyugante. Toda la información que das también me era desconocida.
Gracias y saludos.
Goathemala | 26-05-2007 12:35:11
