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Ex Oriente Lux

Viernes, 21 de abril de 2006

La herradura y la cruz


Hay cosas que no soy capaz de creerme de ninguna manera; ni aunque quisiera. Hay otras, en cambio, que por parecerme inocuas, y considerar que no me empujan a ningún compromiso y sí me aportan a cambio una visión poética con capacidad de conmoverme o emocionarme, me las creo como cree sus invenciones el mentiroso: con casi total firmeza.

El día de Jueves Santo llegamos con los pies muy doloridos, tras casi 40 kilómetros de marcha, a León. Descansaban en el albergue un grupo de peregrinos de las más diversas nacionalidades, desparramados por el patio, guarecidos a la sombra de la balconada que rodeaba al lugar en toda su extensión.

Recuerdo sentir mucho calor, una fuerte molestia en el cuello producida por las quemaduras del sol, y un agudo dolor en los pies que daba la sensación de que iban a quebrarse en cualquier momento. Al sentarnos miré al cielo enmarcado por aquél patio: apenas había nubes, sólo alguna hebra desperdigada por aquí o allá. Ni una brizna de aire.

No sé si fue el cansancio, las ganas de caer rendido en ese espacio de sombra del que nos habíamos apropiado, o algún tipo de inspiración divina; el caso es que nos sentamos en el suelo, apoyamos nuestras espaldas contra la pared, y cerrando los ojos recité peor que mejor esos versos goliárdicos de Hugo de Orleáns que dicen


Domus mea totus mundus
quem pererro vagabundus…


- ¿Para qué hago esto? – se pregunta uno cuando se encuentra en esa situación; y pronto se acallan sus pensamientos, pues es a ellos a quienes realmente dedica este peregrinaje.

Habíamos recuperado algo el aliento, lo suficiente por lo menos para fijarnos con más detenimiento en las personas que con nosotros compartían ese reparador descanso a la sombra de los muros de aquél albergue.

Los había de todos los sexos, edades, nacionalidad e incluso, estoy seguro, credos. A uno esto le produce una sensación bastante agradable y, a pesar de ser un tanto torpe con el manejo de los idiomas, se lanza con la ayuda de su compañera a intercambiar algunas palabras con quién este dispuesto a ello en una curiosísima mezcla de inglés, francés y español.

Había un belga que venía desde Bruselas y llevaba dos meses en el camino; una chica de Alemania que había salido Roncesvalles, y que hacía muy pocos kilómetros al día pues le gustaba detenerse en albergues solitarios a meditar y encontrarse a sí misma. Aquél día había hecho una excepción para conocer León. Una pareja de cuarenta y tantos años de Bilbao lo hacía como nosotros “a cachos”, cuando sus vacaciones se lo permitían…

A muchos los conocíamos de haberlos visto aquél mismo día en el camino, a otros no hasta entonces, y a casi todos los volveríamos a ver a lo largo de las jornadas siguientes andando, descansando en albergues, mesones o bajo un árbol tomando la sombra y sintiendo el contacto maternal de la tierra.

Vimos a uno de ellos, creo recordar que era de la provincia de Badajoz, sacar de su mochila un rotulador negro grueso y dibujar en un lugar casi imperceptible de la pared una especie de “U” invertida que más parecía una herradura. Al vernos que seguíamos con la mirada lo que hacía, nos preguntó

- ¿sabéis que es esto?

- Pues no, ¿qué es?

- El testimonio de que he pasado por aquí

- ¿Y por qué una herradura?

- Porque lo también hago es invocar a la buena suerte para mi viaje, para que se desarrolle sin ningún percance. Si llego a mi destino, al volver por aquí de regreso a mi casa, dibujaré una cruz dentro de ella en agradecimiento.

Asentimos con la cabeza, dando a entender que comprendíamos lo que decía.

- Si os fijáis en el templo de Puente la Reina, en San Juan de Ortega y otros muchos veréis que están llenas de símbolos de estos realizados por peregrinos medievales, algunas con la cruz y otras sin ellas.

- Pero podrían ser marcas de cantería…

- A diferencia de ellas, éstas siempre están al alcance del cuerpo humano y pueden verse varias en un mismo bloque.

Dejamos al peregrino entretenido en sus pensamientos, mientras nosotros salíamos a la calle a buscar un lugar donde comer un bocadillo.

- Victum quero verecundus

- ¿Qué?

- “Busco con rubor el alimento”, esto también es de Hugo de Orleans, del libro que estoy leyendo.

- Ya te vale…

Mientras caminábamos entre las multitudes de personas que abarrotaban las calles en espera del inicio de las procesiones, di en pensar que, al fin y al cabo, creer en aquello que nos había relatado aquél peregrino, era cosa parecida a la de aceptar o rechazar el placer de degustar una buena vianda o un licor perfectamente envejecido en una barrica de roble: no se trataba siquiera de creer, sino de evocar, de extraer la esencia poética que contiene esa historia, para disfrutar de ella cuando se presentara la ocasión.

- ¡Mira, ahí hay una herradura de esas, y sin cruz!

No era ningún tipo de casualidad, habíamos ido bocadillo en mano hasta la catedral, con el objeto de rastrear su fachada y ver si éramos capaces de dar con una de esas marcas.

Sin pensarlo dos veces nos acercamos a ella y recorrimos al tacto y en silencio durante un buen rato aquella “U” invertida. Había llegado el momento de disfrutar de la irracionalidad, de lo intuitivo, dejándose llevar por una idea: ¿y si todo aquello fuera verdad?.

Alguien, quizá hace novecientos años, detuvo su paso en ese mismo punto donde nosotros lo hacíamos ahora; sacó de su zurrón un punzón, y ayudándose de una piedra marcó golpe a golpe esa forma de herradura que ahora recorrían con suavidad en todo sus transcurso mis dedos. Al considerarla terminada, seguramente, sopló sobre ella como insuflándole vida, apartando el polvo y las astillas que pudieran quedar. Guardó todo, se quedó un rato mirándola con fijeza, y mientras se despedía de ella recorriéndola con sus dedos, se deseó a sí mismo la fortuna suficiente para volver a completarla. Después se marchó para no volver nunca más…


Por: Charles de Batz | General | Comentarios (12) | Referencias (0)

Comentarios

charles eres increible, has hecho que me enbarque en tu viaje contigo, por un momento pensé que leía don quijote de la mancha.Podrías plantearte escribir un libro con tus andaduras yo me lo compraría fijo.
buen fin de semana

trasti | 21-04-2006 09:55:25

Te superas, amigo. Bonita historia y mira que no te extiendes mas que en una anecdota. ¿Habrá más? sigo leyendote por aqui y en tu web del camino ;-)

Me ha gustado mucho

salu2

zubi | 21-04-2006 12:16:24

Charles nos emocionamos contigo, descubrimos signos ocultos a tu lado y el camino es un poco nuestro a través de ti. Me parece increible sentir esa humanidad cercana a pesar de los siglos, es una sensación arrebatadora. Recuerdo la primera vez que entré en la Mezquita de Córdoba, no pude evitar tocar una de sus maravillosas columnas, y pensar en todos los que apoyaron su mano en ella a lo largo de más de mil años, un leve mareo de inmensidad me dejo quieta y con lágrimas en los ojos.
Estupendo poder ser goliardo durante unos días y decir "non me tenent vincula, non me tenent clavis", recorrer el camino sin cortapisas...

ladydark | 21-04-2006 12:28:08

Gracias trasti por tus palabras, algo hay de eso de hacerme un libro con lo que me pasa por el camino. De hecho, lo llevo escribiendo desde que empecé, pero como bien sabe mi amigo zubi, no pasa de ser una colección de narraciones de lo que nos va pasando en la peregrinación que cuelgo en una web de internet. Gracias a los dos.

Ladydark, lo que relatas que te ocurrió en Córdoba tiene mucho que ver con lo que he pretendido contar en el post. En cierta manera es lo mismo, y celebro saber que no soy el único que disfruta con esa experiencia.

De hecho, pienso que el tacto es uno de los sentidos que tenemos más olvidados, y la capacidad de evocar a través de él algo muy gratificante.

Como bien dices, es un verdadero placer recorrer los caminos rememorando a aquellos goliardos que cantaban eso de

Via lata gradior
more iuventutis,
immersus in vitiis,
immemor virtutis,
voluptatis avidus
magis quam salutis,
mortuus in anima,
curam gero cutis.

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 21-04-2006 14:55:10

Esa sensación que comentáis, Charles y Ladydark, se repite siempre que Tio Petros y yo viajamos hacia algún lugar del románico. Una especie de déjà vu, un hilito que me une en un instante con el pasado.
Zig zag, tal vez.
Que paséis un buen fin de semana, que no sé yo porqué pero nos lo merecemos.

Vailima | 21-04-2006 15:05:25

Sabía yo que te guardarías parte del camino en tu memoria para que pudiéramos ir nosotros desde aquí. Preciosa anécdota, y como también (y tan bien) describe Ladydark, esa sensación de verse rodeado del pasado y sumergirse invisible en alguna escena cotidiana es increíble.
A mí siempre me pasa lo mismo en esas ocasiones, no puedo evitar acabar pensando dónde estarían mis antepasados en aquel momento que imagino, cuántos caminos habremos cruzado coincidentes y de inmediato me invade una sensación de estar cerrando algún tipo de círculo con mis parientes lejanos.

Buen fin de semana a todos

Jafatron | 21-04-2006 15:15:58

Así es, Vailima y Jafatron: hay ocasiones en las que sin saber muy bien por que motivo, nos sentimos conmovidos cuando evocamos algo que suponemos que pudo haber pasado.

Buen fin de semana

Charles de Batz | 21-04-2006 17:05:16

Cómo me ha prendido tu historia de hoy.
Sí, sí, yo también me la creo, también deseo creerla "con la mayor firmeza".

Un beso!

almena | 21-04-2006 17:56:41

La mezcla ideal,por un lado el Camino,vivir la soledad de los senderos, las piedras venerables...y por otro leer poesía goliardesca, embriagarte de avidez, desenfado e irreverencia. Y sale lo que sale. Excelente post.

Vere | 21-04-2006 21:04:57

Detalles como los libros que acompañan a un viajero en su camino nos comentan mucho sobre su persona. En tu caso Charles, la elección exquisita.
Al parecer y por descuido soy el último en llegar a la cita y como nada puedo añadir de interés a lo ya comentado, brindo por todos vosotros

Primo pro nummata vini,
ex hac bibunt libertini
semel bibunt pro captivis,
post hec bibunt ter pro vivis,
quarter pro Chistianis cunctis,
quinquies pro fidelibus defunctis
sexies pro sororibus vanis,
septies pro militibus silvanis.
Octies pro fratribus perversis,
novies pro monachis dispersis,
decies pro navigantibus,
undecies pro discordantibus,
duodecies pro penitentibus,
tredecies pro iter agentibus.
Tam pro papa quam pro rege
bibunt omnes sine lege.

Herri | 21-04-2006 22:46:34


Claro que si Almena, en cierta manera adornamos con un poco de magia todo aquello que nos rodea creyendo, aunque sea por un momento, en estas viejas historias. Celebro que te haya gustado el texto. Gracias.

Vere y Herri, gracias también a los dos por vuestras palabras, las agradezco aún más teniendo en cuenta lo ocupados que estáis recuperando de las playas de vuestra isla los restos del naufragio...

El desenfado es importante para aclarar la mirada, más aún cuando se está tratando de cuestiones que, para muchos, deberían ser abordadas de manera casi dogmática. Al fín y al cabo en poco nos diferenciamos de aquellos que nos precedieron, y en nada eran, como parece para algunos, personajes de cartón-piedra...

Decía el llamado Archipoeta de Colonia, el más famoso quizá de los goliardos

A estuans intrinsecus ira vehementi
in amaritudine loquar meae menti:
factus de materia levis elementi
folio sum similis, de quo ludunt venti...

("Encendido el corazón con ira vehemente,
hablo con toda la amargura de mi alma.
Hecho como estoy de material liviano
como las hojas soy con las que el viento juega...")

Charles de Batz | 23-04-2006 13:11:53

Ya sabía yo que con tu prosa viajaba. Me dan ganas de rastrear todas esas señales que me fueron imperceptibles. Me recordaste el Opus Nigrum de Yourcenar donde el camino era a la vez espacial y de conocimiento.

Se me van acabando los post....No pasa nada, rastrearé con una lucerna por las catacumbas de Ex Oriente Lux. Merece la pena, ya lo creo.

Goathemala | 18-06-2007 17:09:58

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