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Jueves, 30 de marzo de 2006

Max o el juego de las nubes


Desde el viejo camino de Brantome se llega a St. Jean de golpe, casi sin advertirlo: asciendes a una pequeña loma y te lo encuentras ahí abajo, ante tus ojos, como si se tratara de un enorme mapa desplegado en medio del camino.

Cuando Max pasaba por aquella comarca, ese era su lugar favorito para huir de sus obligaciones, desaparecer de la vista de todos y tumbarse un rato en la hierba a descansar. Allá permanecía horas enteras en un placentero letargo, con la mente perdida en fantásticos planes de futuro, mientras las nubes fluían lenta y apaciblemente sobre su cabeza.

En ocasiones se aburría de mirar al cielo; entonces se daba la vuelta y, apoyando la barbilla en sus brazos, se dedicaba a curiosear desde aquél altozano como transcurría la vida ahí abajo, en el pueblo.

Sí, sin duda era aquél un lugar destinado a encantar la vida de Max: desde ningún otro se disfrutaba tanto como desde aquél, de esa visión del cielo y de la tierra…

Que recordara Max, aquella era la tercera vez que iba a St. Jean. Desde que tenía memoria había recorrido con su padre el país de un lado a otro, deteniéndose en granjas, pueblos y aldeas, para destilar la uva blanca recién recolectada, y sacar de ella el mejor aguardiente que se conocía en toda la Gascuña. El resto del año lo pasaban en Lupiac, donde vivían su madre y el resto de la familia.

Su trabajo no tenía mucha complicación, y hasta cierto punto sí algo de divertido para un joven como él, que por aquél entonces tenía poco más de veinte años y muchas ganas de conocer el mundo. Para su padre era ya otra cosa, y todas esas fiestas que se montaban con motivo de la llegada del destilador, habían terminado por cansarle: prefería limitarse a poner en marcha el alambique, y mientras duraba el proceso pasearse de aquí para allá vigilando en todo momento, desde donde estuviera, que el humo que salía de su máquina lo hacia con total normalidad.

Max se dio la vuelta una vez más. Un espeso hilo de humo ascendía casi totalmente recto hasta el cielo desde la chimenea del alambique que él y su padre habían instalado cerca de la plaza. Como si fuera cosa de magia, esa línea vaporosa que ahora llamaba su atención, se fragmentaba al llegar al cielo en pequeños pedazos que, por el antojo de los desconocidos vientos que corren por aquellas alturas, iban esparciendo su masa por la superficie del cielo, hasta formar las más variadas figuras.

- Aquella parece un caballo que corre desbocado por la orilla del mar, ¡así de azul está el cielo! –pensaba.

- Esa otra es como una concha, parecida a la que usan los peregrinos.

- ¿Y eso…?

Una de las nubes que se formaron en el cielo se le resistía. Alzó su mano izquierda y poniendo la palma en diagonal ante sí, tapó parte de ella; después la puso en vertical, girándola un poco más, sin obtener mejor resultado: había que intentarlo de otra manera. Entonces se ayudó de la otra mano, hasta que juntando las dos tapaba todo lo que tenía ante sí, excepto una pequeña abertura que, en forma casi triangular, se formaba entre ambas.

- ¡Ah, claro! Es fuego, un anillo de fuego –decía sonriéndose para sus adentros.

Sastisfecho como estaba de haber dado con una identidad para esa forma, Max pareció olvidarse de separar las manos, y comenzó a seguir a contranube por la abertura de sus manos ese hilo ascendente, hasta llegar a la chimenea y saltar de ahí a las gentes que se movía por la plaza.

Por ella vio pasar al señor párroco, inconfundible con su figura pequeña y redondeada, y esos andares entre pomposos y torpes; un grupo de niños jugaban en un corro a algo que parecían las tabas; un hombre observaba entretenido, con la manos en el bolsillo, el funcionamiento de la máquina destiladora; una señora se detenía a saludar en medio de un mar de aspavientos a una comadre; una joven atravesaba la plaza apaciblemente, como sonriente, tenía la mirada dulce y clara, y caminaba como si el suelo se convirtiera a su paso en un jardín de nubes en el que se reflejaba el azul del cielo...

Max separó rápidamente las manos. Un golpe de luz cegó su vista algunos segundos, pero en ningún momento apartó su mirada de ella: durante un instante, el deslumbramiento le hizo verla como una silueta etérea, casi transparente, que caminaba ligera como el aire, a medida que iba recuperando su color y dibujándose de nuevo su entorno…

En ese momento, la joven se detuvo, pues alguien desde el otro lado de la plaza gritó su nombre. Ella giró la cabeza, saludó con una sonrisa, y despareció entre las calles del pueblo.

Max se dio la vuelta y echó los brazos hacia atrás para apoyar su cabeza en ellos. El cielo estaba claro. No había en ese momento ni una sola nube. Hundió suavemente su mirada en lo más profundo de aquella inmensidad, y dijo en voz baja, muy baja:

- Claudette…

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (13) | Referencias (0)

Comentarios

Continuará?? ;)

Me he reido muchísimo con esa super camiseta made in Bitacoras, tendríamos que hacerlas de verdad!! :DDD

Saludos.

Medea | 31-03-2006 22:41:48

¡Bravo Charles! Magnificamente escrito, (esa Gascuña tan "dartagnanera"- palabra no recogida en ningun lugar, espero, por el bien de la lengua castellana-)igual que el epígrama del post anterior. Por fin me decido a dejar un comentario en tu blog, aunque con anterioridad cotilleé mucho antes. Un saludo y buen fin de semana.

ladydark | 01-04-2006 02:02:23

Hola Charles! Estoy releyendo tu texto de este post, que me parece muy interesante... Ya regresaré a comentar de nuevo. Por ahora sólo quería saludar y dejar mi huella.

Saludos

Raúl | 01-04-2006 05:57:11

Charles, superve!
qué bueno eres, condenado. Qué descripción, a tu relato sólo le falta el olor. He tenido que cerrar los ojos por la claridad del azul una vez que se han disipado las nubes.
Gracias
p.d. cuando ví ayer la camiseta casi me muero de la risa. Excelente, como siempre.

Vailima | 01-04-2006 15:40:35


Eso, eso... ¿continuará? ya son con este y si no me confundo 4 las historias que cuentas de ese pueblo...
Un verdadero placer leerte
salu2

zubi | 01-04-2006 20:06:20

Medea: ¿Continuará?, pues espero que sí, aunque eso depende de que la vieja musa que lleva el negociado de aquellos asuntos tenga a bien comunicarme más noticias de esas tierras. Como dice Zubi, son ya 4, creo, las entregas y uno, al final, va cogiéndole un poco de cariño a todo ello...

Con lo de la camiseta, lo mejor que podemos hacer es venderlas y comprarnos un servidor nuevo para nuestras bitácoras ;-)....

Ladydark: te agradezco en el alma tanto tus palabras como que te hayas decidido a dejar un comentario. Creo que con ellos, todos los que tenemos una bitácora, alimentamos las ganas de seguir escribiendo y contando cosas. Además es un aliciente comprobar como interpreta lo que hemos escrito cada una de las personas que nos lee. Todos escribimos para que se nos lea y si además, se nos da una pequeña moneda, en forma de comentario, por nuestro esfuerzo, nos sentimos más que pagados.

Raul: espero tu comentario, que seguro que aportará un interesante punto de vista, como siempre.

Vailima:¿azul? a mi me han salido colores sonrojados con las palabras que me dedicas en el comentario. Creo que en el fondo, el cuento no es sino una invocación a los dioses para que nos concedan un fin de semana claro y luminoso ;-) Así sea.

Zubi: que ya sabes que agradezco tus visitas, tu constancia, tus aportaciones, tus palabras, todo menos tu cabezonería en no crear tu propia bitacora... ¿si?. Gracias entonces amigo.

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 01-04-2006 22:27:42

Charles, domingo por la mañana:
te han concedido un deseo.

Vailima | 02-04-2006 09:13:04

¿Este fragmento pertenece a una historia que estás escribiendo? Está muy bien, como siempre, ahora nos dejas con ganas de saber cómo continúa Max su paso por ese lugar.

Un abrazo.

brisaenlanoche | 02-04-2006 10:45:34

Mira que eres bueno escribiendo!!!!
Me encanta regresar y leerte.

Un abrazo!

almena | 02-04-2006 20:24:35

Charles, que nos priven de leer estas historias escritas con tanto arte hacen a los señores de bitacoras.com merecedores de una colección entera primavera-verano.
Y gracias por invocar a los dioses, ha sido un fin de semana espléndido.

Jafatron | 02-04-2006 22:15:30

Si, Vailima afortunadamente hay ocasiones en las que dejan de posar en formato cartón piedra, para atender las humildes peticiones de nosotros, pobres mortales. ;-) Lo intentaremos ahora con la lotería, a ver si cuela.

Brisa, gracias por tu visita y si, la historia está escrita, incluso el final de alguno de sus personajes, y se encuentra en post anteriores... Lo que dudo es si seguir poblando todo aquello con nuevos personajes e historias; ya veremos...

Almena, gracias y bienvenida de nuevo a la blogsfera.

Jafatron gracias a tí por tus buenas palabras y por pasarte por aquí. Ya sabes, que a uno le digan algo así en los comentarios le anima a seguir colgando más posts...

Charles, mira que te repites y te alargas respondiendo a los comentarios; pero bueno, muchas veces es por lo menos tan bueno lo que se comenta como lo que se dice...


Charles de Batz | 03-04-2006 10:57:58

"Tanta est fallacia tecti"

Este Ovidio...

zubi | 03-04-2006 17:42:19

Vaya! vengo con retraso y veo que tengo dos post sin leer. Te hablo de este que es el que he leido ahora para decirte que es una preciosidad que escribes superbien y que la historia me ha gustado porque además la llevo siguiendo desde el principio cuando contaste lo de las campanas. Da gusto leerte :-)))
Besos

Duna | 04-04-2006 13:45:56

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