Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Ex Oriente Lux

Miércoles, 22 de marzo de 2006

La extraordinaria historia de Antoine de Bonfils


(La historia que relato está elaborada a partir de información obtenida en las "Memorias" de Antoine de Bonfils, y el libro “Vie de Antoine de Lupiac” de Pierre Desmouleux).

Cuentan que, en cierta ocasión, un conocido autor contemporáneo suyo, preconizó a Antoine de Bonfils, cuando publicó su Hijo de Marte, el poco éxito que iba a tener en la posteridad su obra poética. Sin apenas pestañear, y sonriendo suavemente mientras giraba en círculos su copa de Bass Armagnac, le contestó:

- Eso, preguntádselo a Madame de La Place

Desde su nacimiento en Lupiac en 1763, los padres de Antoine habían proyectado para él un futuro de púrpuras y mitras, de seguridad y opulencia entre lo más granado en el clero de la Francia ilustrada. Con esa intención, lo enviaron siendo aún un niño al colegio Louis Le Grand, reputado como uno de los mejores del país, para que recibiera en él sus primeros latines.

Pero el joven Antoine apuntaba ya entonces otro tipo de inclinaciones: cuando apenas llevaba seis meses en aquél colegio se fugó por primera vez, no siendo encontrado hasta dos semanas después mendigando en las calles de París. A esta fuga le siguieron cuatro más a lo largo del primer año, para terminar siempre atrapado vagando por las calles de la capital francesa en compañías poco recomendables.

Pierre Desmouleux en su “Vie de Antoine de Lupiac”, transcribe parte de la carta con la que el Rector de aquél centro envía –cansado ya de él-, de vuelta al joven prófugo a los desolados brazos de sus padres:

“…el joven Bonfills posee un espíritu tan poco dócil y errante que resulta un grave peligro de contagio para sus compañeros, y un problema para mantener la disciplina de sus educadores.”

Su padre tuvo que mostrar una extraordinaria generosidad con los severos religiosos que dirigían aquella escuela, para que nuestro joven amigo volviera a ser aceptado en las aulas del Louis Le Grand: “gracias a la generosidad de mi buen padre los curas pudieron levantar una hermosa capilla a Nuestra Señora y surtir sus bodegas de los mejores vinos”, contaría en sus memorias Bonfills.

Pero con este arreglo no se consiguió sino que Antoine continuara con sus fugas, sin que en aquél colegio se le diera alguna importancia. Para los curas que lo dirigían era mejor que permaneciera lejos, sin sufrir de su presencia mientras seguían gozando de la ignorante generosidad de su padre.

Todo esto termina cuando en la casa de los Señores de Lupiac llega una carta de su hijo fechada en noviembre de 1780 en un lugar impreciso de las costas de Norteamérica. En ella les cuenta que se ha enrolado en las tropas del Señor de Lafayette para liberar aquellas colonias de yugo británico.

Parece ser que la realidad era un tanto más prosaica, y dejando de lado las fábulas libertarias de sus “Memorias” y los cuentos amansadores de sus cartas familiares, las pruebas que saca a la luz Desmouleux en su investigación biográfica sobre éste personaje, demuestran que en una de sus huidas del Louis Le Grand, Bonfils terminó por ser arrestado y encerrado en la prisión de la localidad costera de Honfleur, tras una trifulca en una cantina en la que parece que se enfrentó a punta de sable a dos marinos holandeses.

El caso es que como aquél fue uno de los puertos en los que embarcaron las tropas que marchaban al otro continente, y por aquello de engrosarlas un poco más con “voluntarios de última hora”, se recurrió a alistar a las gentes que vagaban desocupadas por las cantinas o los puertos, así como a los presos y vagabundos que se encontraban por la comarca.

“Pronto se hizo a la idea de su nueva situación, y con la intención de mejorarla se dio a conocer a los oficiales y comenzó a frecuentar su compañía”, cuenta su biógrafo. Durante el año siguiente cambió totalmente la orientación de su vida, destacándose de entre sus compañeros y llegando a participar de manera notable, en septiembre de 1781, en la decisiva batalla de Yorktown, que condujo a la capitulación británica.

Para cuando regresa a Francia, a finales de aquél mismo año, lo hace adornado de una excelente reputación entre los círculos más ilustrados del ejército y la nobleza. Además de para tejer una valiosa red de importantes relaciones sociales, Antoine ha aprovechado su estancia al otro lado del Atlántico para recoger material con el que escribir su primer tratado: “De la vida y costumbres del noble pueblo de los iroqueses, contada por el Señor de Lupiac que vivió entre ellos durante un año”.

A pesar de lo que pueda parecer, conociendo como lo vamos haciendo a éste personaje, el autor de su biografía no niega su veracidad tajantemente, alegando los siguientes argumentos: se sabe de él muy poco durante el año 1781 hasta la mencionada batalla de Yorktown; los iroqueses tenían trato de aliados con los franceses; un reciente estudios del antropólogo Howard Thompson “Lupiac´s iroquians”, afirma que todo la información que proporciona dicho tratado es en su gran parte cierta y se ajusta a lo que se conoce sobre dicho pueblo.

En noviembre de 1783, un suceso estuvo a punto de cambiar la vida de Antoine: durante una exhibición a la que acudió en Paris por acompañar a su amigo Jean de La Cloche, quedó como iluminado ante las posibilidades que vio en aquel artefacto que los hermanos Montgolfier hicieron ascender hasta los mil metros de altura y recorrer, antes de caer, nueve kilómetros en 25 minutos.

Durante todo un año, 1784, se dedicó en cuerpo y alma a elaborar un proyecto, bendecido por personas tan contrapuestas como los mismísimos Lafayette –gran amigo suyo por esta época-, y Luis XVI, consistente en organizar la invasión de las islas Británicas, con enormes artefactos voladores parecidos a aquellos que vio en aquella exhibición en París.

Pierre Desmouleux, que tuvo la oportunidad de ver toda esta documentación para escribir su libro sobre Lupiac, cuenta que “hay detallados planos con los diseños de los artefactos, otros en los que se trazan las trayectorias que siguen las corrientes de aire que arrastrarían las aeronaves a través del Canal de La Mancha, listados de la gente de tropa a llevar en ellos, cálculos del tiempo y las distancia que debía cubrirse, rol de vituallas, estimaciones del lugar de descenso y planes estratégicos de conquista, y por supuesto una estimación económica de los costes que todo ello iba a suponer”. En total, cerca de un centenar de gruesos legajos encuadernados en media docena de tomos, que fueron presentados en marzo de 1785 ante el Consejo Real para que diera su aprobación a las cuentas que en él se presentaban…, y no fue así: por aquellas mismas fechas la reina dio a luz al príncipe heredero y las arcas de la corona se secaron totalmente en celebrar su natividad.

Acostumbrados como estaban todos por aquella época a los desplantes de la corona, Lupiac no se desalentó; aprovechó la oportunidad de acercarse a la corte que le había dado la elaboración de su proyecto, y frecuentar sus fiestas, salones y conciliábulos, galantear a las damas y participar de más de una reunión conspirativa.

Es en esta época cuando da a la imprenta la mayor parte de sus obras: El hijo de Marte, La isla invisible, Juegos Galantes, La reina de Oriente… A la vez, continúa experimentando con todos aquellos inventos que llegan a sus manos e incluso, según afirma él mismo en sus memorias, se atreve a escribir diferentes tratados de mecánica, hidráulica y aeronáutica, de los que no queda más rastro que el testimonio de su presunto autor.

Precisamente fue su afición a la aeronáutica la que daría de nuevo un giro a su vida, pues a causa de un accidente habido mientras probaba un globo aerostático, sufrió una grave caída que le produjo una fuerte cojera que le acompañaría el resto de su vida.

Bonfils se retiró entonces a sus posesiones familiares de Lupiac, donde se dedicó a escribir –además de nuevas colecciones de poesía- la primera parte de sus memorias. Apenas estuvo un año en su retiro, pues fue convocado a participar en los Estados Generales de 1789 en París.

A partir de aquí, los acontecimientos se suceden con bastante rapidez: Bonfils se agrupa pronto con el área revolucionaria de la aristocracia, que se uniría a parte del clero y el tercer estado. Pronto se constituiría la Asamblea Nacional, luego Legislativa, y en ella dos grupos cada vez más enfrentados: girondinos y jacobinos.

Es en el primero de ellos donde milita Bonfils. Teóricamente más moderado a medida que avanza la revolución y es ejecutado el Rey… En 1793, el grupo de los Girondinos termina por ser perseguido y eliminado por “el terror” implantado por los jacobinos de Robespierre.

Antoine es uno de los cabecillas de la facción Girondina, y como tal es detenido y conducido -tras un breve paso por la asamblea para ser juzgado de urgencia-, a las mazmorras del Temple. Desmouleux transcribe un documento fechado en junio de 1793, que dice:

“Ciudadano: recibe con ésta a uno que dice llamarse Antoine Bonfils de Lupiac para sacarlo en la próxima ejecución pública.”

Según las actas del Comité Revolucionario del día 3 de julio de 1793, aquella mañana entre las 10 y las 12, fueron ejecutados en la Plaza de La Revolución –hoy de La Concordia- cerca de 24 personas, una de las cuales era Antoine de Bonfils, señor de Lupiac.

De su vida no queda ya más que decir –aunque cuento algo verdaderamente revelador en el primer comentario a este post -; ya que es imposible saber donde descansan sus restos, pero a buen seguro que si hubiera tenido la oportunidad de escribirse un epitafio, lo habría hecho a la manera de su compatriota Cyrano de Bergerac en la obra de Edmond Rostand:

“Aquí yace Hercule-Savinien
De Cyrano de Bergerac,
que fue todo, y no fue nada”


Por: Charles de Batz | General | Comentarios (11) | Referencias (0)

Comentarios


(No leas este comentario hasta no haber terminado con el post).


La historia que he relatado en éste post no es sino un ejercicio estilístico, un deseo por mi parte de construir a partir de una ficción insertada en unos hechos históricos, una historia que pudiera resultar más o menos verosímil, entretenida o que, en la medida de lo posible, procure al lector una mayor implicación con lo que cuento. Está de más decir que también deseaba probar hasta qué punto somos capaces de creer una historia creada a partir de unos datos supuestamente reales y documentados.

De cualquier manera, espero que este pequeño engaño no siente mal a nadie…

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 22-03-2006 20:44:18

Poned el sitio que yo haré lo propio con los padrinos; no ha de quedar impune semejante afrenta!
;-)
¿Qué puedo decir?: me lo he creído todo hasta leer tu comentario, pero mejor así: he disfrutado más de ello. Y de verdad que lo he hecho, vaya curro el tuyo con este post
felicidades
Eso si, me debes algo como premio a la paciencia que he tenido hasta poder leerte y ponerte un comentario
Saludos

zubi | 23-03-2006 19:10:47

Jajajajaja pero bueno! y habremos caído todos no? Aunque lo mio es normal, con lo que yo se de historia y lo poco que me gusta, caería en otra de estas y en mil mas.

:D que pillo.

Buenas noches Charles

Medea | 24-03-2006 00:34:22

La vida de uno más en la historia, vuelta ejercicio de ficción...

Un hermosos homenaje a los que no figuran en la historia. A los que son uno más.

Y un muy agradable ejercicio de escritura...

Un abrazo. Como siempre, es un placer pasar por acá...

Saludos,

Raúl | 24-03-2006 01:55:28

Gracias a los tres por vuestras palabras... ;-)
Zubi, cuando quieras y donde quieras resolvemos "esta afrenta" :-D pero no a boca de fuego o cuchillo, sino sentados a una mesa y como nuestro buen Antoine con una botella del mejor Bass Armagnac.

Medea, eso espero: que hayáis caído, si no se pierde algo de la gracia... Espero también que aunque no te vaya eso de la historia -a mí me apasiona ;-P - te hayas entretenido con el texto. Gracias siempre por tus visitas ;-)

Raul, me ha gustado mucho tu interpretación: en cierto modo podría ser una de tantas vidas que vagan perdidas en el olvido.

Pasad buen fin de semana, y ya sabéis:

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 24-03-2006 12:18:41

Realmente, una vida de novela... Seguro que no la conocen en Hollywood para hacer una película, jejeje.

Un abrazo.

brisaenlanoche | 26-03-2006 13:47:50

Me ha costado entrar, pero lo he conseguido. !Cómo nos has engañado, ja jaja! me lo he creído y la verdad es que te ha quedado majo. Como siempre me ha gustado leerte.
Un saludo

Duna | 27-03-2006 13:00:53

Deberías indemnizarnos!

Hermosa forma de insertar en la historia un hecho que bien pudo ocurrir sin la pompa que otros tantos tuvieron..

y bien.. que como los demás, también he caído.. pero de la indemnización no te preocupes.. que bastante pagada me siento con la maravilla de texto que nos has regalado!

Abrazos que incendien la aurora..

Sol.. | 28-03-2006 06:05:08

Pues sí que caí, ¡con todo el equipo! :-) ¡Ha sido un placer! Seguiré leyendo.

CM | 28-03-2006 08:48:10

Gracias CM por visitarme y por tomarte la molestia de leerte semejante folletón sobre el bueno de Lupiac. Gracias por tus palabras.

Sol, a mi me indemnizáis cada vez que me visitais y dejais algún comentario. Máxime cuando se hace con la frescura que lo haces tú. Muy bonito eso de "abrazos que incendien la aurora".

Brisaenlanoche, no me importaria; aqui estoy para lo que los señores de "jolibud" dispongan, que enseguida les escribo una segunda y una tercera parte si es necesario... ;-)

Duna, muchas gracias por haberte tomado la trabajosa molestia de buscar un agujero de paso en las mastodónticas paredes de error con las que bitacoras.com nos regala a sus usuarios...

Gracias por vuestras visitas, lecturas y comentarios

Charles de Batz | 28-03-2006 12:09:27

Gran ejercicio imaginativo donde los elementos históricos sustentan una ficción. Muy bien, Charles, a mayor gloria de D. Antoine de Bonfils.
D.E.P.
--
Saludos.

Goathemala | 07-08-2007 09:38:59

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009