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Jueves, 16 de febrero de 2006

Claudette o el corazón de las cebollas


Sopa de cebolla:

- 50 gramos de mantequilla
- aceite
- 4 cebollas cortadas finas
- 1 diente ajo machacado
- 1 cucharada de azucar y otra de harina
- Un chorro de Monbazillac
- 2 cucharadas vinagre
- 1 vaso vino blanco y otro de agua
- Rebanadas de pan de ayer
- Queso rallado
- Medio litro de caldo



Cada mañana, Claudette paseaba su mirada por aquella vieja receta escrita de su propia mano en una hoja cuadriculada de block, hace ya muchos años. Apenas se podían leer en ella los trazos escritos a pluma medio borrados por el tiempo, perdidos entre los surcos que dejaron las dobleces, y emborronados por el rastro de alguna mancha de grasa, agua y un semicírculo que desaparecía en uno de los bordes de la página, y que era seguramente la huella de un café tomado quien sabe hace cuanto tiempo.

Claudette emitía un suave suspiro cada vez que desdoblaba la hoja de la receta, miraba al frente, a través de la ventana de la cocina, y permanecía un tiempo ensimismada. Al otro lado, en la calle, un grupo de niños hacían gestos dirigidos al piso superior de la casa: eran los amigos de su nieto que venían a buscarlo para marchar juntos a la escuela.

- Maaaaxx –llamaba entonces la abuela- baja corriendo que ya están aquí tus amigos, y antes tienes que desayunar…

Cada vez que pronunciaba este nombre a Claudette le venia a la memoria los otros dos Max que tuvo en su vida: su marido y su hijo, el padre de éste al que llamaba ahora para que se apresurara. De ambos solo le quedaba un manojo de recuerdos de todos los aromas, y ese niño que, como hacían sus antecesores, tenía la costumbre de salir corriendo de todas partes.

Como única respuesta a su llamada, Claudette escuchaba en el piso superior los pasos ligeros y rápidos de alguien que corrían de un lado a otro, de su alcoba al cuarto de baño y de ésta de nuevo a la alcoba; algún portazo y, por fin el descenso apresurado de las escaleras.

El pequeño Max salía siempre corriendo de la casa con su cartera a la espalda, el chocolate a medio tomar y una hogaza de pan tostado con mantequilla en la mano.

- Id directos a la escuela, no os detengáis en el río –le amonestaba con más cariño que autoridad.

Durante un rato más, la abuela permanecía mirando fijamente por la ventana de la cocina, viendo cómo se alejaba su nieto con sus compañeros hacía la escuela; a esa misma hora veía a los vecinos de enfrente salir a trabajar a su gasolinera de Thiviers, a la dueña de la panadería que corría siempre apresurada a su tienda, y a un hombre con una gorra que todas las mañanas pasaba ante su casa en su paseo matinal hasta el puente.

Una vez que se quedaba sola, y como si se tratara de un ritual que se repetía todos los días, Claudette comenzaba a preparar la sopa de cebolla que acompañaría la comida familiar. Aunque se la sabía de memoria, le gustaba hacerla con esa vieja receta que había escrito hace mucho tiempo con las indicaciones de su madre.

Se dio cuenta entonces de que la llevaba en la mano desde que vinieron a buscar a su nieto, hizo un gesto divertido, como burlándose de su propio despiste, y la colocó ante ella, en la mesa en la que iba a pelar las cebollas, apoyada en un jarrón. Se sentó poniéndose las gafas y plácidamente leyó una vez más lo que ponía en la nota, repasó con la memoria que no le faltara ninguno de los ingredientes y se dispuso a empezar.

Mientras comenzaba a descubrir lentamente la primera cebolla, a Claudette le vino a la memoria el modo apresurado y nervioso con el que había salido de la casa su nieto: casi sin desayunar, sin apenas despedirse; eran maneras que le recordaban a su hijo, el padre de este Max.

A medida que iba desprendiendo las capas de la cebolla, Claudette la colocaba sobre una tabla y las iba troceando en finos fragmentos, para luego continuar con la siguiente capa. Lo hacia muy despacio. No tenía prisa, mejor dicho: tenía todo el tiempo del mundo para hacer su sopa. El tiempo corre más rápido hacía atrás que para adelante –solía pensar-, y sin embargo, veo el pasado mucho mas lejos…

Poco a poco estaba terminando de arrancar la siguiente capa de piel de la cebolla, sin dejar de pensar en su hijo y el día en que abandonó la casa para desaparecer para siempre… ¿se lo tomaría ahora como se lo tomó entonces? –pensó-, ¿se ha hecho más paciente, más pausada en sus reacciones?, quién sabe, ha pasado tanto tiempo que apenas recuerda como era entonces.

No quedaban casi capas por descubrir, y sus pensamientos se encontraban desde hace un buen rato sumergidos en lo más profundo y cálido de pasado, en la persona que más presente se encontraba en su corazón: su Max, el Max que fue su marido, el padre de su hijo desaparecido, y el abuelo que no tuvo la fortuna de conocer casi a su nieto.

Repasar aquellos episodios de su vida era para Claudette algo así como regresar a un paraíso cálido y confortable, de tardes lluviosas al calor de la chimenea viendo llover a través de los visillos de aquella misma ventana; de complicidades y sueños en común, de pequeños sucesos convertidos en grandes eventos… ¿así lo veía entonces?, ¿recordaba Claudette como era ella cuando conoció a su Max?

En su mano quedaba ya muy poco de aquella enorme cebolla que había estado pelando lentamente: apenas una pequeña capa más y luego, el corazón. La alzó por un momento para verla a contraluz, como si quisiera adivinar que había dentro; después, permaneció un rato más mirándola con fijeza, pero ahora sin reparar en ella.

Volvió a tomarla entre sus manos y mientras iba descubriendo a la luz el corazón de aquella cebolla, liberándolo de su última capa con sus arrugadas manos, Claudette dió en pensar que en cierto modo las personas somos como esas cebollas: a medida que pasa el tiempo nos vamos cubriendo con una capa detrás de otra; cambiando y adaptándonos; protegiéndonos del exterior. De lo que se fue en un principio, o en el pasado, queda más bien poco…

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Sabes dominar la palabra para que exprese bellamente emociones, nostalgias, recuerdos...
Liberas capa a capa, como las de las cebollas, sensaciones que suelen escapar al significado de las palabras...
Espero que estés bien, que todo esté bien.
Un abrazo

almena | 17-02-2006 21:38:07

"De lo que se fue en un principio, o en el pasado, queda más bien poco…"

Un hermosos texto de alta calidad estética y de una simplicidad temática contundente.

¡Ah! Esas abuelas que ven pasar generaciones en sus familias... Qúe han visto tantos aciertos y errores. Que han conocido de cerca tantos temores. Que han callado tanto...

Y nosotros, todos los humanos, que en búsqueda de nuetra felicidad construímos tanta belleza, causamos tantas heridas y probamos tantos caminos...

Un gusto leerte. Recibe un fuerte abrazo.

(Aprendo mucho de tu narrativa)

Raúl | 19-02-2006 19:09:14

Bueno, que decir... que cada día te superas. Y no, no es el piropo facilón, sabes que es cierto..
Me ha encantado.. leerte ya es como leer un buen libro, despacito, cada día un capítulo.. (y engancha eh)

;) Saludos

Medea | 20-02-2006 23:52:52

Por Fin!!!

No se que ha pasado estos días pero me ha costado bastante poder visitar las bitacoras y casi imposible comentar nada. ¿Están de obras? ;-P Ya creía que habías desaparecido de aquí

Bueno a lo que voy. Me ha gustado mucho la historia, como la cuentas y lo que dices. Da gusto leerte, y por cierto veo que lo relacionas con otras dos anteriores por ese hombre con una gorra que ve desde la venta paseando hacia el puente y los niños que van a buscar a MAx (y el mismo Max) ¿son los mismos del que escribiste hace unos dias sobre el hombre de la gorra? ¿había premio por adivinarlo? ;-P
Es broma. Muy bonita historia

Salu2 y espero que estes curado

zubi | 21-02-2006 20:13:42


Gracias a los cuatro por vuestras palabras; resulta muy gratificante saber que alguien te lee y que se toma la molestia, además, de manifestártelo a través de unas líneas de comentario. Mucho más aún cuando uno se va acostumbrando a la visita periódica de quienes frecuentáis este rincón remoto de la red...

Aunque he pasado unos días un poco fastidiado, ya voy mejorando y espero no tardar demasiado en seguir posteando por aquí.

Hasta entonces,

Salud y Fraternidad

Charles de Batz | 22-02-2006 11:39:04

Me encanta tu forma de narrar de transportarnos a la escena , a los sentimientos,de hacernos rebuscar en nuestro interior vivencias que todos compartimos.
BESO NOSTALGICO

GUADALUPE | 24-02-2006 04:16:31

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