
"El laberinto es la patria del que duda" (Walter Benjamin)



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Martes, 07 de febrero de 2006
Todas las mañanas se repite la misma historia: salgo a eso de las 7 de mi casa, y cojo el coche para ir a trabajar. Son cosa de 80 los kilómetros que me separan de mi destino, y mientras se recorren a uno le da tiempo de pensar en multitud de cosas: puedo llevar la radio puesta, o algo de música, tener una importante cita a la que llego tarde, pero como si todo eso no tuviera que ver nada conmigo; siempre voy embebido en lo que considero “lo mío”, en esos asuntos que generalmente poco tienen que ver con lo que uno va a hacer el resto del día, pero que son como una válvula de escape entre tanta obligación, hipocresía –en ambas direcciones-, y demás flores que adornan el jardín de esta vida cotidiana.
Es algo biológico, seguramente. Algo que mi propia mente procura, como si se tratara de un proceso natural de higiene mental. No lo sé. Pero el caso es que mis pensamientos a esas horas me llevan por derroteros que no frecuento en ningún otro momento del día.
De hecho, hay ocasiones en las que necesito hacer algo que me suene a diferente, por mínimo que sea, y que rompa con la sorda monotonía con la que veo amanecer entre adelantamientos, curvas y peajes. Esos días salgo un poco antes de mi casa, y paro a medio camino a tomarme mi primer café, en una de esas áreas de servicio que suelen estar junto a las gasolineras que hay en las autopistas.
Acostumbro a sentarme en una de las esquinas de la barra, pedirme mi cortado y comenzar a leer distraídamente el periódico del bar. Apenas le hago caso, pues enseguida distrae mi atención algo, para mí, más interesante que lo que hay escrito en el papel: las personas que entran y salen del lugar.
Generalmente, suele tratarse de gente que, como yo, marcha a trabajar; los hay de traje y corbata, vestidos de sport, con buzo, uniformados, etc… Según van llegando, se acercan a la barra y se dirigen a la camarera:
- Me pones un café, por favor.
- Ponme un café.
- Un café.
- Ponme un café, rubia.
- Café.
Y así una larga variante de modismos que cubren por completo el espectro que hay entre el protocolario “póngame un café cuando pueda por favor” hasta el “mmmmafffé” del que masculla algo ininteligible a la camarera por estar bastante más dormido que yo… Y eso es decir mucho.
Por las ventanas, entre el paso ininterrumpido de coches, furgonetas y camiones, empieza a percibirse como poco a poco la negrura de la noche, tan mate, gruesa y profunda en estas tierras a las alturas del año en que estamos, va azulándose levemente.
La televisión está siempre encendida en un canal de noticias, pero no tiene sonido: un busto parlante nos mira con detenimiento mientras parece contarnos con bastante naturalidad las últimas genialidades de la especie humana; de vez en cuando desaparece para ser sustituido por la imagen de grupos de personas violentando un edificio, un hombre corriendo detrás de un balón, o alguien que se dirige a una audiencia sentado frente a una docena de micrófonos.
Aquí todo es silencio. Sólo se escucha un batir continuo de tazas, platillos y cubiertos que van del lavaplatos a la barra, y de ésta al lavaplatos sin apenas interrupción.
De manera muy vaga oigo el rumor de dos personas hablando en el otro extremo de la barra mientras desayunan, otro que llega y pide un café, y un tercero a quien llaman por teléfono mientras desayuna, y abandona la placidez de su somnolencia para lanzarse a un griterío que a más de uno le dará por pensar que su interlocutor tiene un serio problema de audición.
Todas estas imágenes se van enlazando unas con otras pausadamente, como si atendieran a un plan previamente establecido, cuyo objetivo fuera hacerme ver todas aquellas cosas que en otras circunstancias no hubiera atendido; invitarme a disfrutar suavemente de las vivencias ajenas; retarme a construir una vida y una personalidad a partir de lo que veo…
Entonces, suena mi móvil...
Por: Charles de Batz | General | Comentarios (8) | Referencias (0)
zubi | 07-02-2006 21:41:41
Es igual en todas partes: la rutina nos come y no nos deja respirar, afortunadamente siempre encontramos o intentamos encontrar una valvula de escape. Muy bonito.
Besos
Duna | 08-02-2006 11:44:19
está genial!
es verdad, cada una de nuestras actividades, cotidianas y repetidas, podría ser un post si miráramos alrededor con ojos observadores. Como los tuyos cuando tomas ese cavé matutino...
Me ha gustado mucho.
Un beso!
almena | 08-02-2006 17:11:30
Muchas gracias a los tres por vuestros generosos comentarios, y también a quienes lo habéis hecho por email.
La verdad es que sí, una de las cosas que más me gusta cuando escribo es introducir escenas que he vivido o visto... Es una forma de experimentar hasta qué punto podemos reproducir con unos signos -palabras-, y a través de unas ideas, la realidad, dándole distintas formas: a veces lírica, otras como si fuera una fábula, una reflexión o en otras un simple relato de unos hechos.
Esto, lógicamente, es lo que me gustaría y lo que intento; lo que consigo es ya otra cosa...
Aprovecho para avisaros que me ausento de la blogsfera durante una o dos semanas, aún no lo se, por motivos que por desgracia nada tienen que ver con las vacaciones.
Que os vaya bien.
Salud y Fraternidad.
Charles de Batz | 09-02-2006 09:47:03
...suena mi móvil..." y vuelta a la realidad, a la monotona rutina, menos mal que en algun momento todos buscamos esos breves espacios donde todo sale de contexto, el oasis que nos permite continuar.
Me encanta tu forma clara y sencilla de relatar escenas que son tan cotidianas..
BESO INSOLITO
GUADALUPE | 10-02-2006 05:57:52
Yo también tengo unas horas así.. pero a mi me ocurre por la noche, porque supongo que soy de naturaleza mas bien nocturna. En cuanto puedo trasnocho y a mi esas horas de calma y silencio absoluto me inspiran y me dan muchisima paz. Porque es verdad que se necesita, es muy necesario en este mundo de prisa en que vivimos parar, pensar en otras cosas, y darse cuenta de que uno respira, al fin y al cabo...
Un hermoso relato Charles.
Buen fin de semana.
Medea | 11-02-2006 13:24:08
Es curioso que siempre aparezca el móvil como elemento perturbador, para el observado y quién sabe si para ti.
Yo recurro a ese reducto propio muy a menudo, siempre que puedo.
Salud2
Hell | 13-02-2006 01:06:48
Me ha encantado este post... Hasta sentí deseos de aprender a conducir sólo por sentir (o intentar sentir) por un segundo lo que tu sientes...
Hasta me dieron ganas de tomar café (que poco me gusta) sólo por sentir un poco de tu cotidianidad...
Hasta me dieron ganas de ir uno de estos días a tu tierra, a charlar un rato, a entender mejor esa cotidianidad, que en el fondo tiene tanto que ver con la mía...
Un fuerte abrazo!
Raúl | 14-02-2006 17:11:36
