
"El laberinto es la patria del que duda" (Walter Benjamin)



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Jueves, 12 de enero de 2006
Para nosotros era como si estuviera loco. Todo lo que hacía era rarísimo para un chico de 8 años de edad, pero, por alguno de esos misteriosos resortes que mueven los mecanismos de la amistad, éramos sus amigos.
Solía venir al colegio con grandes cuadernos en los que dibujaba, aprovechando la falta de interés con la que aquellos curas nos daban clase, increíbles inventos como la bici-ducha, el barco-tren, y cosas por el estilo; cuando nos juntábamos para pegarnos pedradas con los de “A” –nosotros éramos de “C”-, el desaparecía sin dejar rastro; veía un chicle en el suelo y lo cogía para metérselo en la boca entre expresiones de asco por nuestra parte; y cuando se sentía contento, se ponía a cantar a voz en grito alguna zarzuela, gesticulando como si fuera un importante intérprete del género chico, y haciendo él todas las voces
El aceite de ricino
ya no es malo de tomar.
Se administra en pildoritasssas
y el efecto es siempre igual.
Hoy las ciencias adelantan
que es una barbaridad.
¡Essss una brutalidadddd!
¡Esss una bestialidadddd!.
La verdad es que sí: era un tipo verdaderamente raro; y nosotros le apreciábamos sinceramente, aunque no entendiéramos la mitad de las cosas que hacía.
Recuerdo que a su pupitre le llamábamos todos el “selvi-cajón”, porque en él guardaba las cosas más inimaginables escondidas entre libros de texto y cuadernos. A veces, en medio de una clase, levantaba la tapa de uno de esos viejos pupitres, que todavía tenía el agujero para el tintero y sujetándola con la cabeza, me miraba
- eeeeh –me llamaba- eeeeeeh, ¡mira!.
Levantaba yo también la tapa de mi pupitre para ocultarme de la vigilancia del profesor, y haciendo que buscaba algo en él miraba qué es lo que quería mostrarme: un día eran hormigas guardadas en una caja de cerillas; otro su pequeño cactus, que todavía aún hoy me pregunto como duró tantos meses en aquellas condiciones; solía tener también algún gusano que se enroscaba perezoso a los lapiceros; lagartijas que se le escapaban corriendo entre las risas disimuladas de sus compañeros…
No faltó la ocasión en la que en medio de estas exhibiciones, sintiéramos que una enorme sombra se cernía sobre nosotros, y a continuación notáramos en nuestras propias cabezas cómo el dueño de aquella oscuridad, que no era otro que el Hermano Artola, apuñaba con fuerza las tapas de nuestros pupitres chocándolas contra nuestras cabezas…
- Nos ha hecho un Mazinger… –decía mientras se masajeaba con una mano la cabeza, y como si no hubiera pasado nada seguía a lo suyo tan ricamente.
De lo que fue de su vida una vez que abandoné aquél sórdido colegio de curas sólo lo supe por terceros, y todo ello tenía siempre un regusto legendario, aunque viniendo de él tampoco me extrañaba nada: que si se había ido a un kibutz, que si se había hecho misionero…; y así fueron pasando los años, hasta que su recuerdo, como el de mucha de la gente que desfila por nuestras vidas, fue disolviéndose en ese confuso brebaje que es nuestro pasado…
Hará cosa de una semana me lo encontré mientras paseaba por la ciudad, realmente fue él quién me reconoció, pues yo fui incapaz al principio de adivinar quién era ese religioso barbado y con tonsura, que parecía salido de un Zurbarán y me saludaba con tanta efusión.
Según me contó venía a visitar a su familia, ya que vive en otro lugar donde trabaja como traductor de hebreo y profesor en una Universidad. A pesar de todo ello, y del tiempo que había pasado, por un momento –mientras hablábamos-, me pareció que seguíamos siendo los mismos, que en lo más profundo de sus gestos y palabras permanecía el sedimento de aquello que había sido cuando éramos unos críos. Imagino que, hasta cierto punto, él también vería algo de eso en mí.
- Bueno, -le dije mientras nos despedíamos-, me un alegro un montón de haber vuelto a verte, y me alegro sobre todo de saber que te va bien, de verdad,…
- Gracias, lo mismo digo, y espero que volvamos a encontrarnos antes de otro cuarto de siglo.
Cuando ya nos separábamos siguiendo cada uno nuestro camino, detuvo su paso, se giró y me llamó.
- ¡Charles!.
- ¡Dime! – le respondí mientras me daba la vuelta.
- Que hay algo que se me olvida decirte.
- ¿Que?
- Que todavía nadie se ha dado cuenta del talento que tengo para la zarzuela –se llevó la mano al pecho y alzando el pulgar al cielo comenzó a cantar:
Junto al puente de la peña
por la noche la encontré,
y su guante chiquitito
le cayó a los pies...
Para nosotros había sido siempre como si hubiera estado un poco loco, pero lo apreciábamos. Seguramente porque cada vez que estábamos con él, conseguía dibujar una sonrisa en nuestra boca y dejar una profunda sensación de paz en nuestro interior.
Por: Charles de Batz | General | Comentarios (7) | Referencias (0)
SAbes...? Me ha parecido que tus palabras estaban llenas de ternura, explicas a alguien que no entiendes pero desde el cariño y el respeto. Y al final ese reencuentro... hasta yo he sonreído con su iniciativa, y es que a veces los un poco locos, son los más cuerdosssssss...
Un beso y me alegro de qeu sepas ver con esa mirada.
Brisa | 13-01-2006 00:04:27
!ja, ja, ja! curiosa historia... me ha gustado, y también me ha traido algunos recuerdos: !aquellos pupitres de antes en los que metiamos de todo!, increible, ya no me acordaba...
salu2
zubi | 13-01-2006 10:03:57
Tienes suerte de haber reencontrado a alguien a quien apreciaras tanto... El reencuentro siempre te acompañará...
Un abrazo.
brisaenlanoche | 13-01-2006 11:47:49
me ha parecido preciosa tu historia!
Consigue transmitir con tanta claridad una época, una experiencia, un sentimiento...
Enhorabuena.
Y un abrazo
almena | 13-01-2006 15:45:28
Cuando encuentro a alguien que hace tiempo que no veo, me pregunto siempre: ¿qué mensaje trae su presencia?..y voy depurando hasta dar con la clave. Suele resultar que el "mensaje de esa persona" está relacionado con el proceso que mi vida sigue en esos días. Ahora, al leerte, llegó hasta mi un sentimiennto que trato de tener presente y viene a ser algo así como que: en la vida no hay nada establecido; todo funciona en base a los parámetros que nosotros mismos marcamos. Tu amigo supera las 'limitaciones' y canta su triunfo y eso dota a la vida de magia y alegría, porque así las cosas dejan de ser siempre iguales ...eso... eso:
que es una barbaridad.
¡Essss una brutalidadddd!
¡Esss una bestialidadddd!.
alma | 14-01-2006 00:49:10
Jo... me has dejado sin palabras. He sentido muchas cosas al leerlo, pero sobretodo nostalgia.. Será por eso de hablar del cole, no se..
Es una historia muy bonita y está contada de una forma todavía más bonita, y con mucha sensibilidad..
Me encantan este tipo de posts.
Un abrazo.
Medea | 14-01-2006 23:44:27
NOSTALGIA!! Eso y muchas otras cosas lindas nos transmiten ts palabras, como siempre cumplen su cometido.
BESO NOSTALGIOSO
GUADALUPE | 15-01-2006 21:16:52
