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Ex Oriente Lux

Viernes, 18 de noviembre de 2005

Nota al margen de una página en blanco

Desde la ventana del lugar en el que estoy ahora mismo sentado, veo que el tiempo por fin ha clareado -cosa que raramente sucede un viernes-, y me entran más ganas todavía de dejar de estar sujeto a esta mesa, pensando en certificaciones de Calidad, rencillas y envidias del tres al cuarto; quiero salir de aquí y olvidarme de todo esto.

El comienzo de un fin de semana en condiciones, -con todos sus sacramentos que diría mi amigo el cocinero-, suena como la overtura de La Flauta Mágica de Mozart, con esa profusión de notas que lo llenan todo de vida; con esa especie de alegría épica que eleva el espíritu y nos hace esperar cualquier cosa del futuro, y que termina por llamar a la puerta de un mundo diferente –el de nuestro propio interior-, sólo abierto a los iniciados... No sé por qué, pero siempre me ha traido a la cabeza la idea de que necesitamos ciertas dosis de incertidumbre para poder seguir viviendo.

Si todo va bien, este fin de semana Lydia y yo nos regalaremos con un tranquilo paseo por un precioso bosque, conocido por la tonalidad que adquieren sus hayas en esta época del año. Estoy deseando recorrer sus veredas cubiertas por los primeros mantos otoñales. Si hay suerte, sentiremos el suave rumor del viento enredándose entre las ramas, rozando las hojas con su aliento…

Caminaremos tranquilamente durante unas horas, hablaremos de lo que nos venga a la cabeza o, simplemente, callaremos y disfrutaremos en silencio de los murmullos que nos salgan al paso, del paisaje que se extenderá ante nuestros ojos y del viaje interior de nuestras propias reflexiones.

Este fin de semana terminaré de leer "El llano en llamas"de Juan Rulfo, una pequeña deuda literaria que tenía conmigo mismo desde hace tiempo, y empezaré con el Fouché de Stefan Zweig...

No puedo evitarlo: hace años ya que desarrollé en mí una adicción por la lectura de todo lo que tiene que ver con la Revolución Francesa, aunque esto no quiere decir que no lea otra cosa; leo mucho, mejor dicho, leo lo que el tiempo me deja, y no me comprometo con ningún libro: si no me gusta, lo dejo donde me ha cansado y no vuelvo a pensar en él; si me gusta releo párrafos o capítulos antes de terminarlo y, generalmente, busco alguna otra obra del mismo autor.

No suelo hacer ningún caso de las novedades editoriales, ni de lo que las secciones o revistas llamadas especializadas en literatura digan. Me oriento por el consejo de personas cuyo gusto considero que puede coincidir con el mío y, sobre todo, por esas esperadas y maravillosas incursiones a las tiendas de libros que emprendo de vez en cuando.

Quedan pocos placeres, dentro de una ciudad, tan reposados y agradables como el de pasar un par de horas revisando las estanterías de una librería, descubriendo los secretos que guarda cada uno de esos libros, los sueños y las esperanzas que invirtió el autor en sus páginas, la luz que puede dar sobre nuestra ignorancia, la música sobre nuestra tristeza, el color sobre un mundo gris... Nunca salgo con un sólo libro, y siempre hay alguno que he comprado para regalar.

Tengo un par de amigos a los que también quiero ver pronto. Aunque con uno de ellos he tenido mis lances, los buenos recuerdos pesan más en la balanza, y las heridas terminarán por cicatrizar y desaparecer. Este fin de semana quiero hacer algo para que así sea.

Escribiré alguna de esas etapas que tengo pendientes por terminar en mi relato del Camino de Santiago; son muchas ya las que tengo acumuladas, y tengo miedo de que se disuelva el recuerdo de todo aquello que precisamente garabateo sobre la pantalla para no olvidar.

Y es que eso me pasa con todo: en este momento tengo la cabeza llena de sueños y de proyectos, y prefiero escribirlos para dejarlos aquí, no olvidarlos y continuar con lo mío. El lunes veré en que ha quedado, si he cumplido con ellos, o es una nota más al margen de una página en blanco, sobre la que me había propuesto narrar cómo se hacían realidad algunos de los sueños que había ido tejiendo durante todos estos días...

Salud y Fraternidad

Por: Charles de Batz | General | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios


Animo, que ya queda poco. Ya me contarás hasta donde has llegado rellenando tu página en blanco...

Saludos

zubi | 18-11-2005 19:02:01

Mmm... pues es un gran fin de semana, espero que puedas cumplir con todo lo que dices, porque son bastantes cosas.
Lo de leer seguro que si, una persona que escribe tan maravillosamente bien, incluso cuando lo hace de las cosas más sencillas, tiene que ser un grandísimo lector...

A ver si ese bosque te inspira el proximo post ;)

Saludos.

Medea | 18-11-2005 19:42:46

Parece que tambien tú tienes un par de zapatillas rojas por comprar!!
Recién descubro el placer de sacar a la luz viejos sueños olvidados y hacerlos realidad.
Compartimos el mismo gusto por los libros, no hay placer mayor (exageré, solo ciertos placeres de la carne lo superan casi lo igualan)que el pasar mi dia metida de cabeza en la estanteria de alguna libreria.
Me encanta leerte.
BESO

GUADALUPE | 19-11-2005 19:44:41

La principal cerfiticación de calidad, pasa por auditar qué hace uno con su vida ;)
Saludos

alma | 20-11-2005 11:16:51

Espero que hayas cumplido parte de tus objetivos el fin de semana, y que hayas disfrutado :)

Marta | 21-11-2005 12:06:01

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