
"El laberinto es la patria del que duda" (Walter Benjamin)



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Miércoles, 02 de noviembre de 2005
Cuando uno camina en silencio durante horas, da en entretenerse con todo lo que le rodea, imaginando ver en ello formas o significados que en nada se corresponden con la realidad...
Así, si se fija en el extenso y llano horizonte, puede apretar la mirada y adivinar en la lejanía la borrosa silueta de enormes montañas. Seguramente, llega a pensar, estarán pobladas por misteriosas tribus y especies animales de las que no se tiene conocimiento.
Sobrevivir en ellas es algo que está reservado a los más valientes, y conocer todos sus misterios, sólo a los espíritus curiosos que sueñan con llevar la luz a cada una de las sombras que se ocultan en la espesura de sus bosques.
¿Y de la tierra? ¿que hay de la tierra que se extiende ante nuestros ojos?; en otras épocas del año reverdecen los trigales y el paisaje se vuelve suave, terso; dan ganas de tumbarse entre tanto verdor, para ocultarse entre las espigas frescas de la primavera, y disfrutar del paso lento y pesado de las nubes.
En cierto modo, la luz juega con las nubes como el tiempo lo hace con nosotros. Al esplendor de fuertes colores anaranjados de los momentos previos al amanecer, le sigue la roja pasión del día que se confirma; según pasan las horas va atenuandose la ligereza de su vuelo, hasta convertir a la nube invernal en una masa gris y pesada que arrojará sobre la tierra seca su espíritu en forma de agua.
Y así volvemos a la tierra. En invierno será la nieve, -!claro que lo es, que para eso lo imagino!-, la que extiende con suavidad su aliento blanquecino. No queda nada sin cubrir, y la sóla idea de profanar su armonía perfecta con el crujido vulgar de nuestro paso, duele en lo más profundo del alma...
Mientras, ahí siguen las nubes. Cambian su forma al antojo del aire que les arrastra; son un juguete de la voluntad de esas corrientes enviadas por las montañas que creia adivinar y que ahora, por arte de birlibirloque, se convierte en algo mágico, divino, como todo aquello en lo que creemos sin verlo.
Cuando uno camina en silencio durante horas, se siente placenteramente sumergido en un oceano de frugales pensamientos, haciendo con ellos mil una piruetas sin sentido, siempre bajo el agua, olvidando lo que hay allá, en la superficie.
Salud y Fraternidad
Por: Charles de Batz | General | Comentarios (3) | Referencias (0)
bonita manera de describir la tierra, con todas las maravillas que la rodean,el ruido de las pisadas en la nieve, que recuerdos ahora que llega el invierno una de las estaciones que más me gustan a pesar de que la gente se encierre en sus casas perdiendose lo mejor de la naturaleza en su más blanco esplendor.
un saludo me encanta como escribes
eltrastillo | 02-11-2005 13:48:54
Buenos días, d'Artagnan
Que belleza de recorrido! Me ha gustado mucho ver con tus ojos el paisaje, y como recordar cómo se echan de menos esos paseos, en los que los pensamientos son los únicos dueños de tus pasos.
Besos
Marta | 03-11-2005 08:52:48
Una maravilla tu manera de describir esos momentos, que yo creo que son muy necesarios, porque vivimos siempre rodeados de ese tumulto que no nos deja pensar, ni imaginar. De vez en cuando viene bien perderse en el oceano de los pensamientos, para encontrarse.
Un post precioso, que pienso guardarme, si tu copyright me da permiso :D
Medea | 04-11-2005 00:15:02
